sábado, 29 de septiembre de 2012

'El antropólogo inocente', una visita al país Dowayo

Supe que 'El antropólogo inocente' existía gracias a dos de mis chicos bloggers favoritos, M. y Sorokin, de cuyo criterio me fío casi a ciegas. Le tenía muchas ganas, pero cuando vi que era de la colección Crónicas, de la editorial Anagrama, lejos de asustarme por que no fuera una novela (cosa que se le olvidó comentarme a M., que tampoco me dijo que el libro no tenía dibujitos) decidí que las aventuras, más bien desventuras, de Nigel Barley en la tribu de los dowayos, en Camerún, debía adelantar a las decenas de libros en espera. 'El antropólogo inocente', además de real, es muy divertido. Es el relato que hace el propio Barley de su primera experiencia de campo como antropólogo. La primera vez que abandonó los libros y las bibliotecas, que viajó a África y que convivió durante más de un año con una tribu prácticamente desconocida, los dowayos, para hacer un estudio. Las notas del antropólogo británico (que publicó el Museo Británico antes de convertirse en un éxito) van desde su primer contacto con la burocracia de un país como Camerún, capaz de enloquecer al más cuerdo, hasta su regreso a la civilización, más de un año después de su aterrizaje en el país africano, momento en que se da cuenta de que, a pesar de todas las miserias y penurias que ha pasado, quiere volver al país Dowayo, como lo llaman ellos. Lo mejor del libro, que una vez que lo empiezas no puedes dejar, es el humor que impregna todas las anécdotas, incluso aquellas más duras, como cuando sufre malaria o su desagradable experiencia con un dentista camerunés. Una de las cosas más sorprendentes es que Barley, en apenas unas semanas es capaz de defenderse en el idioma dowayo, no sin problemas, evidentemente, pero lo suficiente para hacerse entender. Y casi matar de risa a los nativos con algunas divertidas confusiones. Barley vive en una choza de barro, duerme en el suelo, come lo mismo que la tribu (después de resignarse a que le maten a las gallinas para que no pierdan fuerza cuando empiezan a poner huevos y a no poder cultivar tomates y zanahorias), asume que su destartalado coche irá siempre lleno cada vez que haga un viaje y llega a darle igual que los nativos no saquen la cabeza por la ventana para vomitar cuando se marean. Más allá de la experiencia de Barley, 'El antropólogo inocente' también es un tratado no científico sobre esta desconocida tribu de Camerún, ya que a lo largo del libro se van desgranando tradiciones, costumbres, fiestas, ceremonias, gastronomía, leyendas, la cotidianeidad del día a día...También la relación que se establece entre Barley, un blanco, con la tribu, que con el tiempo pasa de verlo como un chiste con patas a tenerle respeto al descubrir que es capaz no sólo de vivir como uno más sino, incluso, de vestirse como ellos, únicamente con una calabaza para proteger sus partes nobles. Estampa, esta última, que, al igual que todas las que se suceden en el libro pasa por la imaginación con la misma claridad que si la viéramos con los ojos.

"Mi vacilante dominio de la lengua constituía otro peligro grave. La obscenidad nunca anda lejos en dowayo. Una variación de tono convierte la partícula interrogativa, que se añade a una frase para transformarla en pregunta, en la palabra más malsonante del idioma, algo parecido a 'coño'. Así pues, solía yo desconcertar y divertir a los dowayos saludándolos de este modo: '¿Está el cielo despejado para ti, coño?' Pero mis problemas no se circunscribían a las vaginas interrogativas; también las comidas y la copulación me planteaban dificultades semejantes. Un día me llamaron a la choza del jefe para presentarme a un brujo con poderes para propiciar la lluvia. Se trataba de un valiosísimo contacto y yo llevaba varias semanas pidiéndole con insistencia al jefe que arreglara el encuentro. Conversamos educadamente tanteándonos el uno al otro. Se suponía que yo no sabía que era un brujo de la lluvia; el entrevistado era yo, y creo que le impresionó mucho mi respetuosa actitud. Convinimos en que le haría una visita. Yo tenía prisa por marcharme porque había comprado un poco de carne pro primera vez en un mes y la había dejado al cuidado de mi ayudante. me levanté y le estreché la mano cortésmente. 'Discúlpeme -dije-, tengo que guisar un poco de carne'. Al menos es lo que pretendía decir, pero debido a un error de tono declaré ante la perpleja audiencia: 'Discúlpeme, tengo que copular con el herrero'."

Título: 'El antropólogo inocente'
Autor: Nigel Barley
Editorial: Anagrama
Colección: Crónicas
Páginas: 237
Precio: 14,99€

viernes, 28 de septiembre de 2012

Jesse Davis: "La belleza llega cuando el músico no tiene miedo de mostrar lo que siente"

Jesse Davis (Nueva Orleans, 1965) ríe con facilidad. Ríe con la boca, con los ojos, con las manos. Pero se pone serio cuando toca hablar de música. Empieza y no pararía nunca. Habla tranquilo, pausado, midiendo bien los tiempos y asegurándose de que se le entiende perfectamente. El saxo es su pasión. El saxo alto. Lleva uno, pequeñito, de oro, en su oreja izquierda. Se queja del calor y la humedad de la isla, pero prefiere sudar la gota gorda a mediodía en una terraza sobre el mar que estar al fresco en la cafetería del hotel, donde no se puede fumar. Enciende un cigarrillo tras otro. Cuento seis en la hora que dura la entrevista, sin prisas ni traductores ni mánagers ni responsables de comunicación metiendo las orejas. Como debe ser, a la antigua usanza, dos personas hablando sin distracciones, sin nadie que señale el reloj o que susurre "dos minutos", sin nadie al que el entrevistado mira con ojos culpables cuando habla de algo que no sea su último disco o su concierto. Una delicia. Casi no parece trabajo. Jesse Davis te lleva de la mano a la Nueva Orleans de su infancia, donde los niños jugaban en la calle a ser músicos, con instrumentos de verdad, o jugaban al fútbol los domingos mientras la música que salía por las ventanas de todas las casas del vecindario se enredaba entre patada y patada al balón. Aquel niño que hoy tiene cinco discos en el mercado recuerda perfectamente el momento en el que descubrió el saxofón. Los movimientos, los reflejos, el estuche, el olor del viejo instrumento de segunda mano... Tras 37 años pegado al saxo, Davis está convencido de que la belleza, en la música, depende del alma del músico, de que se abra, de que no quiera ser otra persona, de que se plante frente al público sin máscaras.
Todo eso y alguna confesión más aquí.

jueves, 27 de septiembre de 2012

Adopta un libro: Nora Ephron, de Nueva York a...

Puntual, a las nueve, acudí a nuestra cita con random.org para ver con quién se va Nora Ephron, periodista y autora del guión de una de esas películas que he visto decenas de veces y que no me canso de ver cada vez que la pillo en la televisión: 'Cuando Harry encontró a Sally'. En este libro, 'El cuello no engaña', Nora Ephron reflexiona sobre algunos de los temas que preocupan a las mujeres (la belleza, la edad...) y sobre otros que también preocupan a los hombres (la búsqueda de piso, los hijos...).  Y el ganador es...
¡Sandra Ballesteros, de Piano de Azúcar! Sandra, necesito que me envíes tu dirección de correo postal a oystergirl1305@hotmail.com para poder enviarte el libro.

El próximo libro en adopción ya ha salido de la estantería y está a punto para encontrar un nuevo dueño. Es una de las historias que más me impactaron cuando era adolescente y a la que aún le doy vueltas de vez en cuando. El día 1, toda la información.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Adopta un libro: participantes 'El cuello no engaña'

Aquí está la lista de participantes de la edición de este mes de 'Adopta un libro' o 'cómo hacer algo de hueco en la biblioteca de Dorothy'. Si hay alguna impugnación, que hable antes de mañana a las nueve de la noche hora española o calle para siempre. Mucha suerte a todas.

-Claudia, de Bitácora culinaria y La inquieta mirada 1
-Lu, de Mi mundo con dos lunas 2-7
-Eva, de Black Ocean 8
-Marilú, de Marilú Cuentalibros 9-14
-Ely, de Diseños by Elyely y Hablando en piedra 15-20
-Rober de El desván de las palabras 21-23
-Margari, de Mis lecturas y más cositas 24-26
-Meg, de Cazando estrellas 30-32
-Sandra Ballesteros, de Piano de azúcar 33
-Carmen, de Carmen y amigos 34-36
-Escalpelo literario, de Escalpelo literario 37-39

¡Mucha suerte a todas y a Rober!

lunes, 24 de septiembre de 2012

'Tú y yo', nada que ver con una historia de amor

'Tú y yo' no es una novela de amor. Creo que es lo primero que debo decir antes de hablar de la maravillosa novela de Niccolò Ammaniti, el escritor que ha sido, para mí, el descubrimiento del año. Y es que un título así induce a error. ¿Cuántas veces fuera de una relación hemos pronunciado esas tres palabras juntas, seguidas una de la otra? Yo creo que jamás. Así que lo primero que sorprende al adentrarse en esta novelita (por el número de páginas, no por la calidad), que se lee de principio a fin sin levantarse del sofá, es que no sea una historia de amor. Ni por asomo. Ni de refilón. No. 'Tú y yo' es la historia de los miedos, las inseguridades, las mentiras y la caída de bruces a la dura realidad de Lorenzo, un adolescente inteligente al que no le interesan los demás y en cuyo interior luchan constantemente el deseo de ser aceptado y el de vivir aislado de todo el mundo. Lorenzo, inspirado por una mosca que simula ser una avispa para evitar el peligro de los depredadores, decide convertirse en uno de los malos del instituto. Pero ésa no es la historia que cuenta 'Tú y yo'. Es sólo el principio, las pinceladas necesarias para entender lo que pasará, para entender por qué Lorenzo le dice a sus padres que le han invitado a pasar la semana blanca a esquiar a casa de una compañera de clase cuando, en realidad, tiene otros planes. Planes mucho más sencillos. Planes que desbaratará alguien con vaqueros y botas camperas negras. Y ésa, que empieza en la página 61, es la auténtica historia de 'Tú y yo'. Una historia que me ha tocado muy adentro. Que me ha hecho temblar las manos, arrugar las comisuras de los labios, removido recuerdos de infancia, pensar en alguien que hace mucho tiempo que se fue y que siempre tengo presente. La noche que acabé 'Tú y yo' (nada que ver con la divertidísima 'Que empiece la fiesta', del mismo autor) me dormí llorando abrazada a mis rodillas, como hacía años que no me pasaba. Pero es algo personal. No conozco a nadie más a quien le haya pasado. 'Tú y yo' no es una novela de amor, pero tampoco es una novela triste. Es una historia pequeña, con apenas dos personajes, claustrofóbica a veces, teatral, con el encanto y la verdad de la sencillez.

"La noche del dieciocho de febrero de dos mil me acosté temprano y me dormí enseguida, pero a media noche me desperté y ya no pude conciliar el sueño.
A las seis y diez, tapado hasta la barbilla con el edredón, respiraba por la boca.
La casa estaba en silencio. No había más ruidos que el de la lluvia batiendo contra la ventana, el que hacía mi madre en el piso de arriba yendo y viniendo del dormitorio al cuarto de baño, y el del aire que entraba y salía por mi tráquea.
No tardaría mi madre en venir a despertarme para llevarme con los otros.
Encendí la lámpara con forma de grillo que tenía en la mesita. La luz verde pintó un rincón de cuarto en el que se veía la mochila llena de ropa, el chaquetón y un bolso con las botas y los esquís."

Título: 'Tú y yo'
Autor: Niccolò Ammaniti
Editorial: Anagrama
Páginas: 130
Precio: 14,90€

sábado, 22 de septiembre de 2012

Diez canciones alegres para un fin de semana



Fin de semana de trabajo. Pocas ganas. Vacaciones a la vuelta de la esquina. Un fin de semana duro. Así que no se me ocurre mejor manera de hacerlo más llevadero que echar mano de mis canciones alegres, esas que sé que nunca fallan, que me pondrán de buen humor y que me pintarán una sonrisa en la cara. Al menos mientras las escuche. Por si alguien más las necesita, aquí va una selección de diez de ellas.

Van Morrison-'Brown eyed girl'
La número 1 de las canciones que me ponen de buen humor. Para una, que mataría por tener los ojos de cualquier color que no fuera marrón estándar, una canción con ese título es un bálsamo, aunque lo de los ojos fue un error de Morrison, que en realidad quería titularla 'Brown skinned girl'. Demasiado sexy para los Estados Unidos de mediados de los 60 hicieron una versió en la que el verso "making love in the green grass" lo cambiaron por uno que hablaba sólo de reír y correr. Se me pone una sonrisa y muevo la cabeza de derecha a izquierda desde las primeras notas.



Kaiser Chiefs-'Ruby'
Un descubrimiento. Me gustan todas sus canciones, especialmente las de los dos primeros discos 'Employment' y 'Yours truly, angry mob', pero esta me levanta el ánimo y me hace reír cuando intento tararear el “Ruby Ruby Ruby Ruby…” sin trabarme.


We are scientists-'Nobody move, nobody get hurt'
Es la canción que pongo si me levanto un poco chof. Los descubrí por trabajo, cubriendo un concierto, y ya no me he separado de ellos.



The Wonders-'That thing you do'
Es alegría pura. Oírla y empezar a bailar y cantar. Entré en el cine a ver la película en un día tremendo, con un mal de amores adolescente de esos pesados y dramáticos y salí riendo, cogida del brazo de mi amiga María y cantando una y otra vez el estribillo de la canción. Unos días después teníamos la banda sonora. ¿El mal de amores? Se quedó en el bote de palomitas.


The Peter Colours-'She has woken up'
Tienen otros muchos temas, casi todos posteriores, y algunas baladas preciosas, pero este sigue siendo el que más energía me da.


Marisol-'Bossa Nova junto a ti'
Vale, es una frikada, lo reconozco, pero qué le voy a hacer. Me gusta esta canción desde que tenía tres años y vi 'Rumbo a Río'. Me recuerda a las tardes con mi abuela viendo películas de Marisol y Rocío Dúrcal y cantando las canciones. Además, es una infalible. Siempre la cuelo en la banda sonora de las fiestas y, en cuanto suena, todo el mundo sonríe, se pone de buen humor y la canta.


The beatles-'Martha my dear'
Traumatizada desde niña por ‘Marta tiene un marcapasos’ nunca le agradeceré lo suficiente a Fernando su terapéutica lista de canciones bonitas con mi nombre. Esta es mi favorita. Paul McCartney dice que se la escribió a una perra que tenía que era bastante trastosa, aunque otras versiones aseguran que a quien tenía en mente mientras la componía era a Jane Asher, una exnovia.


Amy Winehouse-'Fuck me pumps'
Aunque me recuerda que mi adoradísima Amy Winehouse ya no está, me recuerda también que en algún momento acabará el trabajo, me pondré los tacones más altos y saldré a divertirme.



Lily Allen-'LDN'
Prácticamente todas las canciones de Lily Allen (lástima que desde que ha sido mamá no haya sacado ningún disco) me levantan el ánimo, pero esta me hace soñar con recorrer Londres con un vestido largo y mis Converse turquesas, con intentar ver las cosas bonitas a pesar de que sé que no lo son. Aunque esté sentada, las caderas se balancean solas.


Los delinqüentes-'A la luz del Lorenzo'
Si esta canción no te pone de buen humor es que lo que te pasa no tiene remedio. Soy más bien poco de música española, pero esta canción es divertida y cuando empiezo no puedo dejar de cantar el estribillo, que suena mucho mejor si desafinas.



miércoles, 19 de septiembre de 2012

'Yo confieso', historia e historias de un violín

Hace ya muchas semanas que acabé 'Yo confieso', de Jaume Cabré. Hace tiempo que volteé su última página, pero aún no había sido capaz de escribir una sola letra sobre él. Es difícil escribir de un libro del que te has enamorado, sobre todo si no tienes claro por qué lo has hecho. 'Yo confieso' no es un libro fácil. No es una historia lineal, es un cruce con tantos ramales que parece una rosa de los vientos. No es una historia bonita que fluye rápida ante tus ojos. 'Yo confieso' te obliga a estar alerta, a poner todos los sentidos en su lectura, a analizar a sus personajes, a intentar comprender unas relaciones complejas, a acostumbrarte a la voz cambiante del narrador. Y a pesar de todo eso, a pesar del esfuerzo, de la concentración, me he enamorado de él. Lo cogí con cierta desconfianza, porque mi amiga Marian me animó, y es de lo mejor que he leído este año. Aunque no debería sorprenderme, visto el éxito que ha tenido fuera de España. 'Yo confieso' es la historia de un violín, de las historias que han vivido sus dueños y los que quisieron serlo desde su construcción, hace siglos. El último dueño del Storioni, cuya funda aún conserva la mancha de un antiguo crimen, es Adrià, hijo de un anticuario de Barcelona que desde niño siente pasión por la tienda de su padre y los objetos que atesora, especialmente por el violín, que está guardado en la caja fuerte de la casa familiar y que se muere por tocar solo para escuchar el delicado sonido que surge de esa madera que tantas vueltas ha dado. Vueltas que Cabré va explicando, página a página, sin orden aparente, y que viajan desde la construcción del violín en Cremona en el siglo XVIII hasta el holocausto nazi, último paso antes de acabar en manos del padre de Adrià, Fèlix Ardévol. Pero la vida del Storioni no es la única que cambia, también la de Adrià, a quien conocemos siendo un niño tímido que escucha conversaciones privadas de los mayores escondido detrás de un sofá con sus inseparables Sheriff y Àguila Negra y que se despide de nosotros después de una vida marcada por la muerte de su padre, un amor frustrado, el violín y los secretos que esconde su turbia historia. El libro no acaba cuando se leen las últimas palabras y vuelve a la estantería. Se queda rondándote, como un espíritu, recordándote que conoces todo del Storioni, pero que nunca sabrás cómo sonaba.

"Hasta anoche, andando por las calles mojadas de Vallcarca, no supe que nacer en semejante familia había sido un error impersonable. De pronto entendí que siempre había estado solo, que nunca había podido contar con mis padres ni con un Dios al que encargar la búsqueda de soluciones, aunque, a medida que crecía, fuera doptando la costumbre de delegar el peso del pensamiento y la responsabilidad de mis actos en creencias imprecisas y en las lecturas muy diversas. Ayer, martes, por la noche, al volver a casa de Dalmau en pleno aguacero, llegué a la conclusión de que esa carga me corresponde sólo a mí. Y de que mis aciertos y errores son responsabilidad mía y sólo mía. He necesitado 60 años para verlo."

Título: 'Jo confesso' / 'Yo confieso'
Autor: Jaume Cabré
Editorial: Proa / Círculo de Lectores
Páginas: 1.005 / 762
Precio: 26,90€ / 16,90€

lunes, 17 de septiembre de 2012

'Alehop', el nuevo panem et circenses

Desde que vi 'Alehop' en la revista de Círculo de Lectores sabía que me iba a gustar. Aquella vez lo dejé pasar, pero no tardé mucho en hacerme con él cuando me lo encontré en la librería. La novela de José Antonio Fortuny es una lectura imprescindible en los tiempos que corren, una sátira de las administraciones, el mundo político y también de los medios de comunicación y la sociedad en general. La historia parece una hipérbole desmesurada, pero, bien pensando ¿es tan exagerado? 'Alehop' comienza cuando un anciano acude al ayuntamiento a pedir ayuda domiciliaria para atender a su mujer, que no puede moverse de la cama. Esa petición coincide en el tiempo con la llegada accidental al pueblo de un circo que rápidamente consigue embaucar a los residentes, que con la diversión rápidamente olvidan tanto sus problemas personales como las quejas y críticas a sus gobernantes. Ambas historias empezarán a entrelazarse cuando el avispado alcalde, con el apoyo de la oposición, decidirá reducir el presupuesto para servicios sociales para ampliar el contrato del circo y asegurarse la hipnosis de toda la población. Desde que acabé el libro no he dejado de repetirme la misma pregunta: ¿Es tan exagerado? ¿Es tan exagerado lo que hace el alcalde? Quizás no se trate de un circo lo que nos hipnotiza, pero recortan en bienestar social, en educación y en sanidad y, a pesar de que nos quejamos, los que están arriba no nos hacen mucho caso. ¿Es tan exagerado lo que pasa en 'Bigyayos'? Quizás no es exactamente así, pero muchísima gente prefiere la telerealidad a la realidad. ¿Es tan exagerado lo que se le llega a pasar por la cabeza al anciano para garantizar que su mujer pueda levantarse cada día de su cama? Quizás nadie llegue a ese extremo, pero conozco madres con hijos discapacitados a los que les han quitado los escasos recursos que tenían y que sé que estarían dispuestas a todo para que sus niños puedan vivir con dignidad. Una sonrisa, a veces irónica a veces congelada, acompaña todas y cada una de las palaras que forman la divertida y angustiosa 'Alehop', una sonrisa que, una vez leída la última frase, se transforma en indignación.

"En un santiamén subió la escalinata del ayuntamiento, se plantó ante la secretaria y exigió ver al alcalde. Ésta le comentó que sin cita previa sería complicado, pero si esperaba un rato quizá...
El anciano ecjó un vistado a su alrededor. Ya no visualizó ese templo tan mirífico, y los buenos modales de la secretaria no lograron hechizarlo. Cuando las luces de emergencia se encienden, los decorados que te rodean ya no pueden embobarte. Pasando olímpicamente de ella, arrancó y se metió sin llamar en el despacho del alcalde."

Título: 'Alehop'
Autor: José Antonio Fortuny
Editorial: Funambulista
Páginas: 350
Precio: 19€

viernes, 14 de septiembre de 2012

Liebster Award: un premio, muchas confesiones

 No soy muy de premios ni de estas cosas, pero LolaSh, de Las Lolas Glam me ha dado este con tanta ilusión, que me parecía hacer un feo no cumplir, en parte, con el ritual. Confieso y respondo, pero no continuaré la cadena, así que si alguien quiere que le conozcamos un poco mejor, sólo tiene que responder a las mismas preguntas que yo. ¡Muchas gracias Lola! De verdad.




Once confesiones 
-Recuerdo siempre lo que sueño, hasta los detalles más pequeños. Un exnovio decía que yo no soñaba, tenía superproducciones.

-Nunca sin mi perfume ni mi brillo de labios.
-Soy feliz en un avión, con la ilusión de nu nuevo viaje.
-Soy enamoradiza pero me cuesta muchísimo enamorarme.
-Me da miedo el orden obsesivo.
-Me gustaría cantar, pero tengo pánico escénico. Hice una obra de teatro sólo para demostrarme a mí misma que podía subirme a un escenario.
-Me gusta jugar con las palabras, las conversaciones con doble sentido, una discusión entre risas.
-Si me acarician la mejilla, me tiemblan las piernas.
-Madrugo y trasnocho. Duermo poco.
-Cocino descalza.
-Siempre, siempre, siempre, miro a los ojos. 



ONCE PREGUNTAS
-¿Con qué actividad te ganarías la vida si pudieras?
-Me apasiona mi trabajo, pero, si pudiera, me gustaría dedicarme a viajar por todo el mundo y vender, después, reportajes y entrevistas.

-¿Tienes algún objetivo que alcanzar con tu blog?
-Simplemente escribir lo que quiero, cuando quiero y sobre lo que quiero. Me gusta escribir, pero me dedico precisamente a eso, así que esto es como una desintoxicación, una manera de no tener la sensación de que únicamente escribo por trabajo.

-¿En qué lugar te gustaría vivir?
-Me gusta vivir aquí. Siempre tuve claro que quería volver a la isla. Me gusta bajar a la playa por las mañanas, poder comer en casa la mayoría de los días, tener a mi familia a cinco minutos. Si me pongo a soñar te diría que no me desagradaría vivir en Londres, por ejemplo, o en algún lugar exótico de Asia, África o Polinesia.

-¿Qué es para ti buena literatura?
-Buena literatura es la que te conmueve, la que está bien escrita, la que tiene historias de las que no puedes separarte, la que te hace pensar, aquella en la que, independientemente de si es bonita o dura,  puedes apreciar belleza y verdad en las palabras y los espacios en blanco.

-Ahora mismo ¿escogerías un libro de Marian Keyes o de García Márquez?
-Siempre, siempre, siempre, mi adorado Gabo. He leído a Marian Keyes, pero creo que no se pueden poner uno al lado de la otra.
 
-¿Hasta qué punto te influye la portada de un libro para leerlo?
-No influye si tengo claro que quiero o que no quiero leer un libro. Influye si no conozco el libro ni tengo referencias de él y no me influye tanto para comprarlo sino más bien para descartarlo.

-¿Acortas palabras y cometes faltas de ortografía en sms, wathsapps, twits o similares?
-Jamás, creo que es el principio del fin. Se empieza acortando y con faltas y se acaba escribiendo mal. El lenguaje es mi herramienta de trabajo y le guardo un respeto absoluto. Últimamente, además, hasta pongo los acentos en sms y whatsapp.

- ¿Cuánto tiempo puedes estar sin conectarte a Internet sin ponerte nerviosillo o sin pensar en ello?
-Me conecto todos los días excepto cuando viajo durante las vacaciones. En esos momentos tengo tantas ganas de ver cosas y aprender que ni me acuerdo de que había algo llamado Internet. Eso sí, cuando vuelvo, me paso dos días pegada al ordenador para ponerme al día.

-¿Qué década del siglo XX es para ti más sugerente?
-Un test de Facebook (cuando tenía Facebook) me dijo que mi década ideal eran los 20 porque tenía alma de chica flapper, pero me gusta muchísimo la historia de los años 50 y 60 con todos los cambios que hubo.

-¿Qué película consideras imprescindible?
-¿Sólo una? Si me tengo que quedar sólo con una creo que me quedaría con ‘Un, dos, tres’, de Wilder. Es la película que más veces he visto, me sé diálogos de memoria, me río muchísimo con ella y es una fantástica farsa.

-¿Qué libro debería leer todo el mundo?
-No creo que haya un libro para todo el mundo, pero para mí, un imprescindible es ‘La historia interminable’. Fue el primer libro que me compré con mi dinero (creo recordar que me costó 295 pesetas), en una librería que había frente al colegio, la primera entrega de una colección de estas que empienzan en septiembre. Aún lo tengo, un poco desmontado después de todas las veces que lo he leído. Para mí fue, a los ocho años, el auténtico descubrimiento de la literatura.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Semana British: Londres en 16 detalles

 Aquí estoy, con mi pequeña aportación a la Semana British de Carmen, pequeños detalles de esa maravillosa ciudad que es Londres, a la que volvería constantemente...



Fotos: Marta Torres
La gaviota fotogénica
Las gaviotas de Londres son pequeñas, comparadas con las del Mediterráneo, y presumidas. Adoran las fotos.


Un esqueleto con vistas al Támesis
La tienda es el paraíso de cualquier friki, eso sí, hay que armarse de paciencia porque está siempre llena de gente. Por suerte, este simpático esqueleto, que pasa los días mirando el Támesis y a los miles de turistas que pasean frente al County Hall, está fuera.


Puesta de sol sobre la ciudad
Desde un ático, el London Eye, una terraza tomando un vino blanco... Da igual desde donde, pero una puesta de sol sobre Londres, en silencio y sin pensar en nada más que en los colores que van pintando el cielo es un momento inolvidable.


Pintas, pintas y más pintas
Si hay algo que importaría de los británicos es su concepto de pub y de caña. Me fascinan esos lugares oscuros, llenos de capitoné y madera en los que los camareros son simpáticos y los clientes aún más. En dos minutos, cuando ni siquiera te ha dado tiempo a tomar el primer sorbo de esas cervezas tan bien puestas, ya has hecho amigos.


Peces que dan luz
Las farolas que jalonan las riberas del Támesis son una preciosidad. Las hay verdes con detalles dorados, redondas con coronas en su parte más alta y, mis favoritas, con preciosos peces de labios carnosos y enormes ojos a sus pies.


La rosa de Westminster
Un vaso de café, un libro y un pareo. Es lo único que hace falta para sentarse en el césped de los alrededores de Westminster y palpar el ambiente de la ciudad. Con suerte, en un día nublado, descubriréis una rosa a punto de florecer.

Musgo en el tejado
Verde, acolchadito, suave y húmedo. El musgo perfecto. En los tejados.


Alimentar a los cuervos
Si las gaviotas son pequeñas, los cuervos son gigantes. Y en la Torre de Londres los hay a decenas. Dispuestos a comer lo que sea. Cuenta la leyenda que si un día los cuervos desaparecen el monumento se caerá.


Sopa de cebolla contra el frío
Pocos placeres son comparables a una buena sopa de cebolla, con picatostes y queso, para entrar en calor después del frío y la lluvia de Londres.


¿La grúa carga Saint Paul?
Ilusión óptica. En una ciudad plagada de grúas de obras, es fàcil creer que alguna de ellas está a punto de levantar uno de los monumentos más importantes.


Sentarse con Cleopatra
Todo cuidado al detalle. Los brazos de un banco de la ciudad, la efigie de Cleopatra.


Raindrops keep falling on my head...
La lluvia hipnotiza. Verla a través de los cristales, con las luces y la ciudad de fondo... Eso es Londres.


Shakespare se agrieta
No es el original, no tiene más de 400 años, pero a The Globe no le falta encanto, como esas pequeñas grietas que recorren los pilares de madera.


Un alma gemela en Kensington
Lelainya Cook. Así se llama mi alma gemela, nació el mismo día que yo (13 de mayo) no sé de qué año y tenía la misma combinación de chica presumida con un puntito oscuro que una servidora. Así lo explica en la tarjeta de la exposición sobre el baile de debutantes. Esqueletos sobre un fondo dorado, cómo no.


¿Bailas?
Chicas, a las huellas rosas. Chicos, a las negras. Ya podemos bailar un romántico vals. Aunque no llevemos chaqué ni tacones.


Hippies, por la otra puerta
Portobello. Prohibido cerrar los ojos ni para estornudar. La calle, la tienda y los puestos está llenos de curiosidades.

lunes, 10 de septiembre de 2012

'Palmeras en la nieve', un paraíso perdido en Guinea

No sé qué queda del paraíso guineano que Luz Gabás presenta en 'Palmeras en la nieve'. No sé qué queda de Bioko, de Santa Isabel, de la plantación de Sampaka o del pueblo de Bisappo, sólo sé que, si existe, me gustaría pasear por él. Es precisamente eso, esa sensación de paraíso, de melancolía por el paraíso perdido, lo mejor de esta novela. Una buena novela. Pero no una gran novela. Si cierro los ojos y pienso en el libro, días después de haberlo acabado, no me vienen a la cabeza la historia de los hombres de la casa de Rabaltué en la colonia, tampoco las de sus hijas, Clarence y Daniela, rebuscando en ese pasado. La historia, la trama que Luz Gabás va trazando a lo largo de más de 700 páginas, se queda en un segundo plano. El escenario y las emociones se comen una aventura que, vista con un poco de tiempo, tiene cierto tinte culebronesco: amor, desamor, maldad, hijos secretos, despecho, engaños... 'Palmeras en la nieve' comienza cuando Clarence decide indagar en el pasado de su padre y su tío, Jacobo y Kilian, que trabajaron largas temporadas en los cacaotales de Guinea, cuando era colonia española. Las pesquisas de Clarence, que se marcha sola al país para recuperar ese pasado, se alternan con el relato de la vida de Kilian y Jacobo en una isla de la que se enamoraron y de la que sólo se marcharon cuando los echaron. He devorado estas últimas páginas, pero, sinceramente, se me han hecho un poco pesadas las de la actualidad algo que se debe, creo, a que no he empatizado para nada con las protagonistas más jóvenes de la novela. No he entendido a Clarence, tan valiente a la hora de irse sola a Guinea y tan cobarde a la hora de enfrentarse al amor. Tampoco Daniela, su prima, me ha convencido mucho. Y no por ella, sino porque creo que su trama está descompensada: decenas de páginas para crear un problema y ninguna para desenmarañarlo. Y algo parecido me ocurre con el final, en el que he echado de menos una última vista atrás, unas últimas páginas a la isla y los personajes que me habían hecho soñar. Y es que los capítulos en Guinea son maravillosos, igual que los personajes que los pueblan: el comprensivo señor Garuz, el entrañable Ösé, la despechada Sade, la valiente Bisila, el desagradable Gregorio, los indeseables Opa y Dick, la dulce y decidida Julia... No podía dejar a un lado esas páginas cargadas de historia del siglo XX, de pasión, de hombres recogiendo cacao, de colonos enamorados de su nueva tierra, de leyendas bubis, de noches de fiesta, de amores interraciales y de dolor. Del dolor de saber que esos días en un paraíso con olor a cacao, café y gardenia tenían fecha de caducidad. Todo lo demás, la actualidad, la investigación de las nuevas generaciones y los secretos de familia, me sobran.

"La imagen de la llegada a Fernando Poo se apoderaría de sus pupilas para el resto de su vida. A medida que el barco se aproximaba a la isla, se iba vislumbrando una costa diseñada por pequeñas playas, calas y bahías que trazaban una voluptuosa línea ante la asombrosa vegetación, hasta la misma arena del mar de color turquesa, y que incluía toda la gradación de verde que Kilian pudiera imaginar, desde el pálido de las primeras hojas y las manzanas en verano hasta el oscuro y denso bosque, pasado por el intenso y brillante de los pastos primaverales regados por la lluvia. Una extraña sensación de suavidad, frescura y tranquilidad, mezclada a partes iguales con la fuerza de la exuberancia, la plenitud y la fecundidad que emanaba de tanta vegetación se adueñó de él."

Título: 'Palmeras en la nieve'
Autora: Luz Gabás
Editorial: Círculo de Lectores
Páginas: 717
Precio: 20,95€

jueves, 6 de septiembre de 2012

Esos pequeños placeres...


La culpa de esta entrada la tiene otra de Dona Invisible. La mujer que anda tras los pasos de Stephan Zweig me despertó un día con Bertold Brecht y sus pequeñas satisfacciones. Ella confesó las suyas y mi cabeza empezó a pensar en esos pequeños placeres (algunos de los cuales ya compartí aquí, cuando este blog era un bebé), casi imperceptibles, que duran unos segundos y pueden cambiar un día.

-El olor del primer café del día
-La peluda cabeza de Nixon sobre mis rodillas
-Descubrir, entre la grabadora y las pilas, la rosa que me regaló Yunus
-Escribir ideas sin sentido, con calma, en una buena libreta y con mi boli favorito
-Ese mensaje que convierte en cóncava mi sonrisa convexa
-Una caña entre risas
-Releer la maravillosa 'Mi familia y otros animales'
-Ponerme las gafas al llegar a casa
-La dolorosa poesía de Raúl Zurita
-El silencio ensordecedor bajo el mar
-Bajar a la playa al amanecer y pintar la arena impoluta con mis huellas
-Esa canción que me recuerda a alguien que creo que me ha olvidado
-Las primeras gotas de una ducha fría
-La transformación mental y emocional al ajustarme las cintas de un corsé
-Escuchar, desvelada, la tormenta en una noche de lluvia

¿Confesáis los vuestros?

lunes, 3 de septiembre de 2012

'Una forma de resistencia', cuando las cosas hablan

Las cosas hablan. Nuestras cosas hablan de nosotros. Todas y cada una de ellas. La butaca en la que nos sentamos a leer, la copa, siempre la misma, en la que nos tomamos ese vino que nos alegra el final del día, las entrañas de la nevera, el souvenir que compramos en un viaje, las monedas que llevamos en el bolsillo... Todo eso desvela cómo somos, lo que somos, nuestra vida. Incluso aquello que intentamos esconder nuestras cosas lo gritan a los cuatro vientos. Es la teoría que el poeta granadino Luis García Montero desarrolla a lo largo de las páginas de 'Una forma de resistencia' (gracias Marian por prestármelo y animarme a leerlo). Una teoría que no sorprende a alguien como yo, que se fija desde niña en los detalles antes que en la postal entera, una teoría que incita a pensar. García Montero habla de sus cosas. O quizás sean sus cosas las que hablan de él: el jersey ("un animal doméstico que veranea en los armarios"), los espejos ("no se ponen de acuerdo cuando hablan de mí"), los bolígrafos ("tienen alma de hormiga, porque siempre desaparecen"), las gafas ("nunca esperan en el lugar donde habíamos quedado"), las monedas ("somos una lista de precios, una moneda al aire"), la ducha ("se lleva hacia el desagüe esa memoria sucia de todo lo que ha sido hostilidad"), la ropa ("es bueno y justo que sea dueña de tu ropa quien es dueña de tu desnudo"), las sandalias ("siento que forman parte de mí, que retienen mis pasos"), los relojes ("si se equivoca, me equivoco con él"), el disco ("desde que oí aquel disco, fui haciéndome como soy"), las cosas perdidas ("la realidad tiene alma de coleccionista y va guardando el fantasma de los lugares desaparecidos"), el libro ("a los lectores no nos gustan las islas desiertas, ni los libros solitarios, sino nuestra casa, la butaca de nuestra casa rodeada de libros"), el brasero ("no protesta, es la invención más estoica de la prudencia humana")... Tres páginas para cada uno de ellos. Un libro que deberían leer los frívolos, para descubrir que sus cosas hablan más de ellos que tres ancianas en un patio de vecinas, y plantearse si cuentan lo correcto. También aquellos que menosprecian a los que valoramos las cosas (no importa si es un pendiente que perdió a su pareja o un pajarito de resina con la cola rota) deberían dejar vagar sus ojos por las páginas de 'Una forma de resistencia', para entender por qué tratamos objetos sin valor como si fueran tesoros. La obra de García Montero es una delicia, un libro para tener en casa, siempre a mano, y abrirlo de vez en cuando, no importa la página ni el objeto ni el párrafo, para solazarse en su prosa, en la poesía de las cosas y los objetos inmateriales que nos rodean a los que, inevitablemente, ya no se puede mirar de la misma manera.

"Los banqueros cuentan sus beneficios, los políticos sus votos y los poetas sus cosas. Cuentan y recuentan las cosas en las que se quedó enredada su vida. En los días de meditación y soledad, de vagabundeo doméstico, tomo conciencia de que tengo la casa llena de cosas. No se trata exactamente de que me importe tirar cosas, sino de que tengo inclinación a conservar las cosas que son mi casa. Para no confundir una fiesta con un acto de barbarie, conviene pensar lo que se desecha cuando se tira la casa por la ventana. Las cosas con capacidad de convertirse en un recuerdo suponen el deseo personal de atender a la vida, de vivir con atención, con amor".

Título: 'Una forma de resistencia'
Autor: Luis García Montero
Editorial: Alfaguara
Páginas: 218
Precio: 18€

sábado, 1 de septiembre de 2012

Adopta un libro: 'El cuello no engaña'


Ya os dije que el libro en adopción de este mes no sería una novela ni un volumen de relatos y que había hablado hace poco de él. Pues bien, aquí está: 'El cuello no engaña', de Nora Ephron, guionista de películas como 'Cuando Harry encontró a Sally' o 'Tienes un e-mail'. En realidad debía ser otro, pero me gustaron tanto las reflexiones de la neoyorquina en este compendio de artículos relacionados con la vida, la mujer, la belleza, el día a día en Nueva York y el trabajo (podéis leer la reseña aquí) que pensé que era una pena que se quedasen ahí, en una estantería de la que lo sacaré, con suerte, un par de veces para repasar algo. Además, Nora murió hace unos meses y este, que algunos de sus escritos lleguen a otra persona, es mi pequeño homenaje.

Para participar sólo debéis ser seguidores del blog y tener una dirección en España, además de dejar un comentario en esta entrada indicando que queréis participar. Los que os llevéis el banner enlazándolo con esta entrada tendréis tres puntos más y dos extras para los que comentasteis en la entrada del 29 de junio. El plazo acaba, como siempre, el día 25 de este mes.

"Acabo de resurgir después de varios días en estado de éxtasis... con un libro. Adoro este libro. He adorado cada segundo de su lectura, me he sentido transportada a su mundo. Me ha recordado un montón de cosas de mi propia vida. He pasado angustia por el destino de sus personajes. Me he sentido viva y comprometida, y definitivamente brillante, repleta de ideas, desbordante de recuerdos de otros libros que me gustan. He pergeñado una docena de cartas al autor, cartas que nunca escribiré y mucho menos mandaré. He imaginado cartas elogiosas. He pensado cartas relacionando detalles totalmente improcedentes de mi vida privada con el tema planteado por el autor. Hasta he imaginado una carta de reproche por la muerte de uno de los personajes que me ha causado gran aflicción. Pero sobre todo he escrito cartas de gratitud: el grado de éxtasis que experimento al leer un libro maravilloso es una de las principales razones por las que leo, pero no me pasa siempre, ni siquiera la mitad de las veces, y cuando eso ocurre mi entusiasmo se desborda".
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