lunes, 30 de enero de 2012

'Ordeno y mando', Nothomb ¿dramaturga?

"-Si un invitado muere repentinamente en su casa, sobre todo no avise a la policía. Llame a un taxi y pídale que les lleve, a usted y a ese amigo que se siente indispuesto, al hospital. El fallecimiento no será certificado hasta llegar a urgencias y de ese modo podrá demostrar, con la ayuda de testigos, que el individuo en cuestión murió por el camino. Gracias a lo cual, le dejarán en paz."

Esta es la curiosa conversación que centra la última cena de Baptiste Bordave como  Baptiste Bordave. Horas más tarde, el protagonista de 'Ordeno y mando', tendrá que decidir si llamar a la policía o coger un taxi y dirigirse al hospital cargando con el extranjero desconocido que acaba de morir en el salón de su casa. Ya lo adelanto, Baptiste Bordave no hace ninguna de las dos cosas. Aprovechando que su complexión y su pelo son parecidos, decide convertirse en el fallecido, Olaf Sildur, sueco y, a juzgar por el coche que aguarda en la puerta y la cartera, con la vida resuelta. Y así, el hasta ahora Baptiste acaba viviendo en una lujosa mansión con la dulce mujer de Olaf, que le recibe como a uno más de los misteriosos huéspedes que, deduce Baptiste, pasan por la casa. Al francés le cuesta poco descubrir que no todo es como él pensaba. 'Ordeno y mando' se lee en un suspiro, como, por otra parte, todas las obras de Amélie Nothomb. Esta, sin embargo, me ha parecido diferente a las otras. Siempre he pensado que cualquiera de sus libros podría ponerse sobre un escenario, pero este es, claramente, el que está más cerca del teatro. Es imposible no leer sus páginas imaginando a dos personajes dialogando sobre las tablas. Es más, sin renunciar a las curiosas sensaciones que transmite la escritora, tengo la sensación de haber visto una obra de teatro y no de haber leído un libro lleno de escenas que casi se pueden palpar: el muerto en el salón, la música al marcar los diez números de un teléfono, la piscina helada llena de botellas de Veuve Cliquot...

Título: 'Ordeno y mando'
Autora: Amélie Nothomb
Editorial: anagrama
Páginas: 153
Precio: 7€

sábado, 28 de enero de 2012

No lo olvidemos, es la Thatcher

Es cierto, Meryl Streep está fantástica. Fabulosa. Inmensa. Magnífica. (¿Acaso no lo está alguna vez?) Espero que le den el Oscar a mejor actriz porque dudo mucho que ninguna de las otras nominadas lo haga mejor que ella y, además, recordemos que a pesar de tener la fama de buena actriz y de estar nominada mogollón de veces no se lleva una estatuilla desde 'La decisión de Sophie', en 1982. Eso sí, si vais a ver la película os pediría que en todo momento tengáis presente una cosa: es la Thatcher. Y es que es muy fácil, frente a 'La dama de hierro', olvidarse de quién fue en realidad su protagonista, creer que Margaret es Meryl, y, claro, Meryl nos cae bien. Además, la película, que está bien hecha y se ve en un suspiro, pasa muy por encima de la faceta más cruda y descarnada del personaje. Vaya, que entre la mirada dulce de la Streep y los comentarios bordes tipo doctor House (cuando en realidad debería ser bordes tipo borde), se hace difícil a ratos visualizar a la ex Primera Ministra del Reino Unido. En la película, que utiliza como recurso las alucinaciones de su alzhéimer (gracias Phyllida Lloyd por no usar la voz en off) para recordar su trayectoria política, sólo hay un momento en el que se intuye el verdadero carácter de la Thatcher: un "húndanlo", tremendamente frío, cuando manda iniciar la guerra de las Malvinas. Eso sí, tampoco podemos obviar que fue la primera mujer presidente en Europa y que consiguió hacerse un hueco en la política en una época en la que eso era casi impensable. Tremendas dos imágenes: ella sola rodeada de hombres en las fotos oficiales y la mesa de planchar y la plancha esperándola en la diminuta sala del Parlamento reservada a las mujeres.

miércoles, 25 de enero de 2012

'El abanico de seda', entre el dolor y la amistad

Recuerdo pocos capítulos de libros que me hayan impactado tanto como 'El vendado' de 'El abanico de seda', de Lisa See. Lo leí sin parpadear, con el estómago encogido y el ceño fruncido por el dolor imaginado. El dolor de la protagonista, Lirio Blanco, durante las primeras etapas de su vendado de pies, siendo aún una niña, siguiendo esta brutal tradición china traspasa el papel, se te cuela por los ojos y acabas sintiendo cómo tus dedos se esconden bajo el empeine. Pero 'El abanico de seda' no es un tratado sobre el vendado de pies, es la historia de Lirio Blanco y Flor de Nieve, dos niñas de una remota provincia China unidas por el destino (o una casamentera un tanto manipuladora) en la relación de laotong. Almas gemelas. El otro yo. Lirio Blanco es la hija mediana de una familia humilde. Su única esperanza para el futuro es conseguir unos pies pequeños, unas flores de loto perfectas para lograr un buen matrimonio. Flor de Nieve procede de una familia acomodada que, misteriosamente, accede a que su hija sea la laotong de Lirio Blanco a pesar de la diferencia de origen. Desde el momento en que intercambian el primer mensaje, en un abanico de seda usando el nu shu, un lenguaje secreto femenino, ambas saben que serán amigas para toda la vida. Juntas comparten el aprendizaje para ser buenas esposas, largas horas bordando zapatos y ropa para su futura familia, el despertar de la sexualidad... Su amistad supera, incluso, el descubrimiento de las primeras mentiras, el qué diran al verlas juntas cuando una de ellas se casa con un carnicero (una de las profesiones más impuras en la China medieval) y la larga huida a las montañas durante la guerra. Una historia apasionante de la que no me pude despegar durante varios días. Llena de sensibilidad, de detalles, de emociones, de dureza. Y muy bien escrita. Todo lo contrario que me ocurrió con 'El lector de cadáveres'. Sinceramente, no me esperaba menos. Descubrí a Lisa See hace poco, en vísperas de un viaje a China, buscando novelas que tuvieran este país como escenario, y encontré más de lo que esperaba. 'El pabellón de las peonías', que empecé pensando que sería una simple novela de amor sin mucho más, me abrió las puertas a una autora que me ha fascinado. Antes de leer la primera frase sabía que 'El abanico de seda' me gustaría. Lo que no me esperaba es que, semanas después de haberlo acabado, no haya conseguido olvidar las largas horas en la habitación de las mujeres con Lirio Blanco y Flor de Nieve.

"-Levántate y camina.
Hermana Tercera seguía tumbada en el suelo, llorando.
Mi madre me levantó de la silla. La palabra "dolor" no sirve para describir lo que sentí. Tenía los dedos doblados bajo la planta de los pies, de modo que el peso de mi cuerpo descansaba por completo en esos apéndices. Intenté inclinarme hacia atrás y apoyarme en los talones, pero mi madre, al darse cuenta, me golpeó y exclamó:
-¡Camina!
Obedecí como pude."

Título: 'El abanico de seda'
Autora: Lisa See
Editorial: Altaya
Páginas: 317
Precio: 1,95€

lunes, 16 de enero de 2012

Cuando al hablar te juegas la vida, 'Todo es silencio'

"La boca no es para hablar, es para callar"
Las primeras palabras de 'Todo es silencio', de Manuel Rivas, lo dicen todo sobre las 279 páginas que siguen, que se leen de un tirón. Y es que el silencio es el protagonista de esta historia en la que los personajes son poco más que el vehículo para que el silencio traspase el papel y se quede contigo hasta las últimas palabras de esta claustrofóbica historia. El silencio es lo que marca la relación adulta de Fins, Leda y Brinco, que un día fueron tres niños que descubrieron, sin querer, la antigua Escuela de los Indianos. Abandonada. En ruinas. Con su suelo de mapamundi aún en pie y los restos polvorientos de la Maniquí Ciega y el Esqueleto Manco. Una escuela en la que aprendieron sus abuelos y que, según descubren por casualidad, es ahora un lugar estratégico para el narcotráfico, controlado en el pueblo por Mariscal. És el, el patrón, el hombre de manos enguantadas, quien pronuncia las palabra con las que empieza la novela. Los protagonistas, esos niños que recorrían la costa de Noitía, una aldea de la costa atlántica gallega, buscando lo que escupía el mar (contrabando primero, narcotráfico después) elegirán, de adultos, caminos diferentes. Dos optarán por cobijarse bajo las opulentas alas de Mariscal. Solo uno escogerá el camino contrario. Enfrentados en silencio, el recuerdo de la amistad infantil, de aquellos momentos junto al mar, queda olvidado al entrar de nuevo en la Escuela de los Indianos. Sobre su suelo de mapamundi.

Título: 'Todo es silencio'
Autor: Manuel Rivas
Editorial: Alfaguara
Páginas: 280
Precio: 18,50€

domingo, 8 de enero de 2012

Curiosidad animal

Marta Torres/Diario de Ibiza (prohibido reproducir sin permiso)
Jordi Chías Pujol
Jürgen Ross
www.brianskerry.com
Bence Maté
Thomas P. Peschak
Marcelo Krause







                                                                                                                            Los niños están emocionados. Unos corren de una foto a otra, buscando nuevas aventuras, animales y paisajes. Otros comentan a los compañeros, apenas sin respirar, lo que acaban de descubrir. Algunos, los menos, observan durante largos minutos cada imagen. En solitario. Ajenos al revuelo de la sala leen las pequeñas historias que cuelgan junto a cada fotografía. Una y otra vez. Como si temieran que al salir de esta singular clase de 'Conocimiento del medio' se fueran a olvidar de las emocionantes anécdotas de los fotógrafos que captaron las impresionantes imágenes que tienen ante sus ojos. La cerca de una hora que pasan en la exposición 'Fotógrafos de la Naturaleza 2011' (muestra itinerante de una selección de las imágenes presentadas al prestigioso concurso organizado por el Natiral History Museum y la BBC Wildlife que presenta la Obra Social de la caja Sa Nostra) se les queda corta. Sentados en el larguísimo escalón de la sala, comparten impresiones. Ninguno se atreverá a comer sopa de aleta de tiburón en un restaurante chino después de ver cómo uno de estos animales "llora sangre" mientras se la cortan. Tampoco osarán tirar nada al mar después de ver a una tortuga boba, que todos han sentido que les miraba a los ojos, atrapada en unas redes. Han descubierto que las hormigas comiéndose una hoja pueden ser el mejor teatro de sombras, que los leones pueden ser pacientes padres, que un pacífico búho se puede deshacer sin inmutarse de un cuervo pescador que intenta fastidiarle, que las gaviotas roban el pescado de las bocas de los frailecillos, que nada puede frenar el instinto migratorio de los centollos australianos, que una tortuga y un aligator americano pueden compartir el único tronco al sol en los humedales o que los monos pueden apreciar la belleza de una puesta de sol. Ellos se quedan con las historias de los animales, que comentan y repiten mientras salen de la sala. Yo, más allá de las fabulosas imágenes, me quedo con la pasión, la paciencia y la valentía de los fotógrafos. Los que pasaron horas esperando el momento y la luz perfecta. El que disparó su cámara mientras una leona hambrienta le miraba a través de un agujero en la piel de su presa. El que tuvo que salir de la profundidad del Amazonas cuando un yacaré empezó a morderle el objetivo. El que aguantó hasta el último momento tumbado en la arena antes de que una tortuga gigante le aplastara...

lunes, 2 de enero de 2012

'El lector de cadáveres', un forense en la China imperial

Si lo hubiera visto en la librería no hubiera comprado 'El lector de cadáveres', de Antonio Garrido. Pero estaba en la revista de diciembre de Círculo de Lectores, estaba ambientado en la China imperial, en unas semanas cogía un avión para Beijing y sólo me quedaba un libro en mi biblioteca que tuviera ese país como escenario. Y aunque lo leí relativamente rápido, no me ha gustado. La trama no está mal, está bien escrito y se nota que Garrido se ha documentado a fondo. Pero no es suficiente. 'El lector de cadáveres' explica la historia de Cí Song (un personaje real), el que en el siglo XIII fue el primer forense de China. Si, un joven procedente de una familia humilde ve cómo todos sus proyectos de futuro se desvanecen cuando su padre, que trabaja con el juez Feng (figura que marcará al joven Cí) abandona su empleo y la ciudad, obligando a Cí a cambiar la formación por el arado. Es en el campo donde su vida volverá a dar un vuelco. Solo, sin recursos ni ayuda, Cí deberá huir de su pueblo e intentar sobrevivir en la ciudad donde, tras varias aventuras, engaños y desgracias, ingresará en la prestigiosa academia Ming recuperando su idea original: ser un lector de cadáveres.
Es precisamente Cí Song, el protagonista, uno de los aspectos que, a mi juicio, fallan en la novela. Demasiado plano. Demasiado bueno. Demasiado tonto en ocasiones. Le he dado mil vueltas y aún no entiendo cómo alguien a quien ya se la han jugado varias veces puede seguir confiando a las primeras de cambio en el primero que se le presenta. me parecen inmensamente más interesantes y bien definidos el resto de los personajes: el brujo charlatán que sólo se ayuda a sí mismo, el enigmático profesor Ming, el retorcido consejero del emperador... Todos, absolutamente todos los demás personajes, me han gustado mucho más que el protagonista. Otra cosa que no me ha gustado es la ambientación. La falta de ella. Aunque el escritor se ha documentado hasta la extenuación, esta documentación sólo se nota en los procedimientos médicos, las leyes y los castigos, pero en ningún momento va más allá. Mientras leía tenía que recordarme a mí misma constantemente que toda la trama ocurría en la China imperial de la Edad Media. Por último, y el que para mí es el fallo más importante: la identidad del asesino. Varios cientos de páginas antes de final ya sabía quién era. Y eso no me gusta. Nada. Hasta el último momento estuve esperando un giro en la trama, que no fuera quien yo pensaba, pero no. A pesar de todo esto, el libro no está mal. Se lee fácil y es entretenido.

Título: 'El lector de cadáveres'
Autor: Antonio Garrido
Editorial: Círculo de Lectores
Páginas: 591
Precio: 16,95€
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