miércoles, 28 de septiembre de 2011

'El pabellón de las peonías', amor y muerte

A punto de casarse, Peonía, una adolescente chinade piel tan clara como su mente, atisba a través de las maderas de un biombo un guapo joven con el que osa encontrarse en el pabellón de la luna, el lugar más lejano al que le han permitido llegar sus pies vendados. Convencida de que el amor lo puede todo, idea que ha calado en su cabeza después de leer en decenas de ocasiones la ópera 'El pabellón de las peonías' (en la que el amor entre sus protagonistas consigue burlar la muerte), se rebela contra su próximo matrimonio concertado dejándose morir durante los dos meses que permanece encerrada en su habitación antes de la boda. Ni el hecho de que sus padres quemen su biblioteca para hacerla reaccionar consigue que Peonía desista de su trágica actitud. La joven, que debía abandonar su casa como novia, lo hace como cadáver algo que, lejos de dejarla descansar en paz, significa el inicio de un largo camino para conseguir ser un espíritu que ayude y proteja a su familia.
La historia que Lisa See cuenta en 'El pabellón de las peonías', aunque parezca fantástica es, en buena parte, real. Peonía, que acaba escribiendo desde la muerte un comentario de su obra favorita, se inspira en una de las 'muertas de amor', chicas jóvenes que encontraron en el hecho de poner fin a su vida una manera inconsciente de reivindicar el amor verdadero, el que traspasa todas las fronteras, incluso la de la muerte, tal y como ocurría con los protagonistas de la obra original. Además de una novela de esas que da rabia tener que aparcar unas horas para los quehaceres del día a día, Lisa See inunda la trama con detalles de la cultura más cotidiana de la China del siglo XVII: el tráumatico vendaje de los pies de las niñas, las obligaciones con los muertos, las relaciones entre hombres y mujeres... Una historia fascinante que no sé por qué dejé aparcada cuando, hace unos años, me enviaron de la editorial.

"Dos días antes de cumplir diecisés años, me desperté tan temprano que mi criada todavía dormía en el suelo, a los pies de mi cama. Debería haber regañado a Sauce, pero no lo hice porque quería disponer de unos momentos a solas para saborear mi emoción y mi nerviosismo. Esa noche iba a estrenarse una representación de 'El pabellón de las peonías' en nuestro jardín. Yo adoraba esa ópera, y ya había reunido once de las trece versiones impresas disponibles. Me gustaba tumbarme en la cama y leer la historia de la doncella Liniang y su amante onírico, de sus aventuras y su triunfo final. Y ahora, durante tres noches, que culminarían el Doble Siete -el séptimo día del séptimo mes, el día de los enamorados y mi cumpleaños-, podría verla representada, algo que normalmente les estaba prohibido tanto a las niñas como a las mujeres adultas".

Título: 'El pabellón de las peonías'
Autora: Lisa See
Editorial: Salamandra
Páginas: 350
Precio: 20€

sábado, 24 de septiembre de 2011

Recuperando un momento

El verano, aunque sea en otoño, es mío. Por fin. Se acaban los meses de calor, las discotecas preparan los cierres, los turistas se dan sus últimos baños en el mar, no hay atascos y algunos de mis lugares favoritos recuperan la calma. Hoy, por primera vez en muchos días, he podido desayunar tranquila en la pequeña cafetería italiana de debajo de casa. Me he vuelto a sentar en mi silla favorita bajo una sombrilla, he abierto el libro sobre la madera blanca y he respirado hondo antes de sumergirme, tras un mes y medio sin poder hacerlo, en el sonido constante de las olas y los silbidos del viento que huele a mar, el mismo que se cuela cada día por mis ventanas, únicamente interrumpido por los graznidos de las gaviotas y el alegre chillido de un niño que se moja los pies en la orilla. Hoy, casi acabado el verano, el café con leche y la media tostada con tomate me han sabido a gloria.

domingo, 18 de septiembre de 2011

'Opiniones de un payaso', reencuentro con Böll

Hans Schnier no puede ser más desgraciado. Payaso de 28 años al que acaban de despedir de su trabajo, ha recibido una crítica demoledora en un diario de Bonn, su mujer le ha dejado, es demasiado aficionado al alcohol y, para colmo, es ateo, por lo que lee la realidad que le rodea en una clave más que realista. Sin salir de su piso, al que llega después del abandono de Marie, la chica católica a la que calentaba las manos después del sexo, Schnier se abre en canal, explica su pasado, muestra su presente y avanza un más que gris e incierto futuro en la Alemania de posguerra. Heinrich Böll, al que descubrí con la fabulosa 'El honor perdido de Katharina Blum' (lectura obligatoria para cualquiera que se considere periodista), construye de nuevo una atmósfera agobiante y desprovista de cualquier esperanza en la que el lector solo puede ver a través de los ojos de Hans, que no ve más futuro para reconducir su vida que recurrir a su familia, que a pesar de disponer de millones ha privado siempre a sus hijos, ya no de lujos superfluos, sino de las alegrías imprescindibles para una infancia feliz. Las reflexiones y conversaciones del payaso Hans están impregnadas de la acostumbrada ironía de Böll, que utiliza el ateísmo de su protagonista para ofrecer una descarnada crítica de los creyentes de la Alemania de la época, esas personas supuestamente compasivas y realmente implacables con los que se salen del redil y a los que Hans responde siempre con su máscara de payaso, algo más que un maquillaje, a la que se aferra para que su vida no se desmorone más.
Título: 'Opiniones de un payaso'
Autor: Heinrich Böll
Editorial: El País
Páginas: 286
Precio: 1€

jueves, 8 de septiembre de 2011

'La piel que habito', sádica y prescindible

Soy almodovariana y, hasta ahora, lo había perdonado todo. Pero ya no. Lo siento, pero 'La piel que habito' me ha parecido una auténtica tomadura de pelo. Y siento ser tan dura con el hombre que me hizo reír a carcajadas con 'Mujeres al borde de un ataque de nervios', llorar con desconsuelo durante días con 'Hable con ella' y que me congeló la sonrisa con '¿Qué he hecho yo para merecer esto?'. Pero es que en 'La piel que habito' Almodóvar recupera el tono difuso y la mediocridad que ya le perdoné en 'Carne Trémula'. Aún estoy digiriendo la historia (no sé si la llegaré a digerir), pero hacía mucho tiempo que no salía del cine sintiéndome tan estafada. Estéticamente la cinta no está mal, mucho más contenida de colores y decoración de lo que es habitual en el manchego. Tampoco se puede achacar mucho la culpa a los actores, que están correctos e, incluso, alguno mejor de lo que es habitual. Pero la historia no hay por dónde cogerla. No me la creo. Y mira que es difícil que no me crea algo. No me creo el quirófano ni los estudios que obsesionan a Banderas (quizás es que he visto demasiado la serie 'Nip/Tuck'), no me creo que Marisa Paredes sea brasileña (tampoco que lo que lleva sobre la cabeza sea su pelo, ya de paso), no me creo la actitud de Elena Anaya en su cárcel-habitación, pero sobre todo no entiendo que una traumática violación con dolor, lágrimas y gritos acabe convirtiéndose en una escena grotescamente cómica. Si en una película (con un trasfondo extremadamente sádico) solo hay una concesión al humor esta no debería hacerse en una violación. Pero si hay algo que no le perdono al oscarizado Pedro es que no escondiera mejor la trama. Retorcida, complicada, enrevesada. Y a pesar de todo eso, previsible. De los maravillosos títulos de crédito a los que Almodóvar nos tiene (mal)acostumbrados mejor ni hablemos.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Historia de una reina que lideró una rebelión

En el siglo XIX en la India, en el reino de Awadh, una maravillosa ciudad del norte, vivió una mujer que lideró una rebelión. Una reina abandonada por su rey que salió de la zenana (el espacio reservado a las mujeres) dejó ver su rostro, planeó estrategias con los más valientes soldados y guió a su pueblo en una lucha frustrada contra el Imperio Británico. Es esa vida, la de la begum Hazrat Mahal (que existió realmente), la que cuenta Kenizé Mourad en 'En la ciudad de oro y plata', un relato que comienza como cualquiera de las miles de historias de amor con escenario exótico que pueblan las librerías y que se convierte, poco a poco, en el relato de una reina guerrera que jamás abandonó, a diferencia de otros reyes y señores, la lucha por la libertad de su pueblo. Hazrat Mahal llegó al palacio como una humilde niña y conquistó con sus poemas a Wajid Alí Shah que, años más tarde, cuando las cosas comienzan a ponerse feas, la dejará en el palacio mientras él y otras de sus bellas mujeres se marchan a Delhi para negociar con los británicos condiciones económicas más ventajosas para su pueblo. Hazrat Mahal se queda sola, con su hijo y su eunuco, y las demás mujeres abandonadas por el rey en un palacio lleno de joyas, comodidades y sirvientes que pronto se convertirá en una cárcel en la que los meses pasan sin noticias del rey. Expulsada del palacio que había sido su casa, despojada de todo lo que no ha podido llevarse a mano y trasladada a una pequeña habitación, es entonces cuando Hazrat Mahal, madre del heredero por una carambola del destino, se convierte en la reina regente y decide, junto a otros rajás, iniciar la lucha del pueblo indio contra sus colonizadores. Reticentes al principio, la reina se gana rápidamente el respeto de los hombres y de su pueblo demostrando ser una gran estratega, una juez implacable aunque, ya a solas, llore la muerte de los traidores y una líder capaz de hacer que su pueblo nunca olvide, ni siquiera tras años de exilio cautivo, a la begum que luchó por ellos.
Título: 'En la ciudad de oro y plata'
Autora: Kenizé Mourad
Editorial: Círculo de lectores
Páginas: 394
Precio: 17,95€

jueves, 1 de septiembre de 2011

Almas grises, un canto descorazonador

Bella, oscura, sombría, despiadada, delicada y descorazonadora. Así es 'Almas grises', una novela de Philippe Claudel en la que todas y cada una de las palabras parecen estar ahí para dejarte con un agujero en el estómago, el corazón decaído y el alma gris, como anuncia el título. La primera escena ya deja poco espacio a la ilusión y la esperanza: una preciosa niña aparece muerta en el canal de un pequeño pueblo del norte de Francia situado entre las trincheras de la Primera Guerra Mundial. Todos creen que Destinat, fiscal retirado y rico, es el asesino de Belle, hija del mesonero. Entre los que sospechan del fiscal viudo se encuentra el policía que lleva el caso y que, veinte años después, vuelve sobre sus pasos para descubrir quién acabó con la vida de la pequeña. Su relato, una crónica de la cotidianeidad de la aldea en mitad de la contienda, descubre, más allá del nombre del asesino, un reguero de vidas desdichadas y una colección de personas a las que el azar no ha permitido ni siquiera soñar que algo salga bien. El relato del protagonista es duro, angustioso, duele, te deja vacío. Algunas escenas son especialmente difíciles de digerir. Crueles a pesar de la belleza de las palabras y la delicadeza con la que Claudel ensarta una frase tras otra hasta el final, momento en que hay que abrir la ventana, sacar la cabeza y respirar a fondo para recuperar toda la vida que se te ha ido escapando página tras página.
Título: 'Almas grises'
Autor: Philippe Claudel
Editorial: Salamandra
Páginas: 222
Precio: 15€
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