domingo, 28 de agosto de 2011

La estrella de David Murray

Foto: Lorena Portero (Diario de Ibiza)
David Murray es una estrella del jazz. Un saxofonista que ha tocado con genios como Oliver Lake y Julius Hemphill. Un hombre que podría mirar por encima del hombro a los profanos del jazz que osan entrevistarle. Pero no. David Murray es humilde, amable, pausado, de conversación fácil que consigue que a los dos minutos te olvides de que es casi una leyenda de la música. Llega tranquilo, llevando en la mano la maleta del saxo, una continuación de su brazo. La abre como si fuera un tesoro y saca de ella un instrumento gastado, que ha perdido todo el brillo dorado que algún día tuvo y al que trata con mucho mimo. Lo compró hace décadas, en Japón, "de tercera o cuarta mano" y al que ninguno de los nuevos y brillantes que tiene ha conseguido sustituir. En el silencio del bar del hotel Murray enlaza palabras como enlaza las notas cuando toca. Ríe con ganas. Piensa con calma. El hombre supera al músico. Y el músico es enorme.

David Murray: "Hacer tu propia música te obliga a buscar en lo más profundo de ti"

sábado, 20 de agosto de 2011

Vázquez Montalbán y sus 'Cuentos blancos'

Aviso a navegantes antes de empezar a leer: cuando se trata de Vázquez Montalbán no soy objetiva. Me gusta todo. Así que cuando vi en Círculo de Lectores los 'Cuentos blancos' y los 'Cuentos negros' no pude resistirme (a pesar de las, a mi juicio, horrorosas portadas de ambos volúmenes). He tardado más de lo previsto en terminar los blancos, pero es que siempre me tomo con calma los libros de relatos. Me gusta leer cada uno de un tirón, sin interrupciones. Siempre he tenido la sensación de que los cuentos son como los caramelos, no puedes sacártelos de la boca y guardarlos para más tarde. Y 'Cuentos blancos' es una bolsa llena de caramelos. 21, concretamente. Y todos deliciosos. Algunos para reír, otros para llorar y con todos ellos es imposible quedarse indiferente. Los diálogos sobre el Mundial de 1982 de 'Bestiario' son hilarantes y es mejor no haber cenado antes de leer 'El festín de Pierre Ebuka', la declaración de un caníbal en un juicio. El sur como paraíso, una idea recurrente en Montalbán, también encuentra un maravilloso hueco de catorce páginas con '... y en invierno viajar hacia el sur'. Aunque me cueste, debo reconocer que me quedo con 'Los privilegios de la edad', la surrealista correspondencia a través del fax de un matrimonio en el que él ha decidido separarse, con todas las consecuencias, y 'El niño y el perro', una memorable muestra de esa mezcla de ternura y humor sarcástico tan montalbiana.
Título: 'Cuentos blancos'
Autor: Manuel Vázquez Montalbán
Editorial: Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores
Páginas: 256
Precio: 17€

sábado, 13 de agosto de 2011

Mi paraíso escondido


El ruido del agua es hipnótico. Suena a sueño, a algo imposible en esta isla seca en pleno verano. Sentada en una paret de feixa, cierro los ojos para que el gorgoteo del agua fluya en mi cabeza. Juguetea entre mis oídos y mi mano izquierda se escapa, buscándola, en el pequeño canal de regadío. Está fría, helada. Sudada por el esfuerzo de la caminata gimo de placer. Me asusto. Apenas un susurro y suena como un grito entre el zumbido de las cigarras, el silencio apabullante del valle. Perdido. Solitario. Un paraíso escondido entre montañas. Una mobylette retumba en el camino, por encima de mi cabeza. La conduce un anciano con esparteñas y sombrero de paja. A su espalda, su bastón y la azada. Oigo un chapoteo. No estoy sola. Al otro lado del valle un hombre se baña desnudo en una alberca pegada a la montaña, escondida entre zarzamoras y sombras. Agua transparente y paredes verdes. Toca volver a la realidad. Subir, casi trepar, por las piedras hasta la carretera de tierra y afrontar el duro regreso a la isla conocida, la que está llena de turistas en busca de fiesta, atascos, calles llenas de gente en bañador y colas, la que no se parece en nada a mi pequeño paraíso escondido.

lunes, 1 de agosto de 2011

Gilead, caballos en el túnel y sábanas secando


Gilead es el pueblo en el que una vez un caballo se hundió en el túnel del tren y pusieron un establo sobre el caballo. Gilead es el pueblo en el que las mujeres se esfuerzan en que su ropa colgada a secar en el campo sea más blanca que la del vecino. Gilead es el pueblo en el que busca refugio un blanco casado con una negra. Gilead es el pueblo en el que los antepasados escondían las pistolas junto a la valla del jardín. Gilead es el pueblo en el que una mujer bonita pidió matrimonio a un pastor. Gilead es el pueblo que da nombre a la deliciosa novela por la que Marilynne Robinson recibió el premio Pulitzer en 2005. 'Gilead' necesita tiempo. No es un libro que se pueda leer a trompicones, en ratos pequeños entre una cosa y otra. No. 'Gilead' necesita largas mañanas en la terraza, siestas en la cama junto a una ventana abierta e interminables noches de verano con vistas a las estrellas. Solo así, con tiempo y calma, se puede ir asimilando todo lo que el pastor Ames, a punto de morir, explica a su hijo en una extensa carta con la que pretende que entienda el pequeño mundo en el que crecerá. Y a él. Los vecinos, la gente, los sermones que escribió y nunca se atrevió a pronunciar el domingo en la iglesia, sus debilidades, los secretos de sus habitantes, la exultante juventud de su esposa… El tiempo pasa muy despacio con 'Gilead' entre las manos. Las palabras llegan como un viento a cámara lenta, a la velocidad exacta para comprenderlo. Las frases del pastor Ames solo se aceleran al final, en las últimas páginas, cuando se altera recordando el comportamiento del pequeño de los Boughton. Pero el papel se acaba. Y el día a día de esta familia queda para otro libro, 'Home', que ya aparece en mi lista de pendientes.
Título: 'Gilead'
Autora: Marilynne Robinson
Editorial: Galaxia Gutenberg para Círculo de Lectores
Páginas: 278
Precio: 16,95€
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