jueves, 23 de junio de 2011

La viuda embarazada, historia de un trauma sexual

Keith Nearing no puede estar pasando un verano mejor. Acaba de salir de la adolescencia y desde los últimos fríos y hasta las primeras nieves sus únicas obligaciones son tomar el sol, bañarse en la piscina de la mansión italiana en la que se aloja, hacer pequeñas excursiones a los pequeños pueblos cercanos y leer (se ha propuesto devorar todos los clásicos de la literatura británica que encuentre en la biblioteca). Unas vacaciones perfectas durante el verano de 1970 que comparte con su novia Lily, su amiga Scherezade y su amigo Whittaker y que se verán enturbiadas por la obsesión de acostarse con Scherezade, a la que los aires de la Campania italiana sientan especialmente bien. La chica modosita, buena y solidaria se ha convertido en una rubia de cuerpo escultural que no duda en hacer topless y capaz de revolucionar a toda la población masculina de la aldea cercana cada vez que se acerca. Keith no oculta sus ganas de meterse en la cama de Sherezade, con la que comparte baño, algo de lo que es también consciente Lily, que cada noche juega a fingir que es su amiga rubia para evitar en lo posible que él cambie de cama. La obsesión le lleva a urdir retorcidos planes. Incluso le nubla el entendimiento en sus lecturas, en las que sólo espera el momento en el que el protagonista se acueste con su supuesta amada. Página a página no se puede huir del calor de esa piscina, epicentro de 'La viuda embarazada', que traspasa el papel, de la ansiedad de encontrarse a la otra persona desnuda en el baño, del deseo contenido por lo correcto, de la sexualidad que emana de cada frase... Al final, como el propio Keith Nearing, se corre el riesgo de leer los capítulos con el único objetivo de descubrir si al final consigue seducir a Scherezade. Un riesgo que implicaría perderse, más allá del sexo, fantásticas escenas de unas vacaciones de verano en Italia: la excursión al desfiladero del Diablo, las cenas al raso a los pies del castillo, las reacciones de los lugareños ante las chicas, el dolor y el despecho de Adriano (guapísimo y rico, pero que no llega al metro cincuenta), una invitada con una larga colección de bañadores de abuela, las borracheras, las charlas sin prisas ni final...
"Ésta es la historia de un trauma sexual. No fue a una edad tierna cuando le sucedió. Desde todo punto de vista, era ya un adulto; y consintió; consintió totalmente. ¿Es trauma realmente la palabra que queremos (del griego 'herida')? Porque su herida, cuando llegó, no le dolió en absoluto. Fue lo opuesto sensorial de una tortura. Ella gravitó sobre él desvestida e inerme, con las pinzas de la dicha: los labios, las yemas de los dedos. Tortura: del latín 'torquere', torcer. Era lo opuesto a la tortura, aunque 'retorcía'. Lo destruyó durante veinte años".
Título: 'La viuda embarazada'
Editorial: Círculo de lectores
Páginas: 476
Precio: 20,95€

martes, 21 de junio de 2011

'Desclassificats', entre periodistas y políticos

¿Debe un delito personal de un político afectar a su carrera política? ¿Qué papel cumplen los responsables de los gabinetes de prensa? ¿Hasta dónde debe llegar un periodista para desenmascarar a un cargo público? ¿Se puede esquivar durante toda una carrera entrar en el juego del abuso de poder de los políticos y sus séquitos? Son algunas de las preguntas que plantea la magnífica 'Desclassificats', escrita y dirigida por Pere Riera y protagonizada por Emma Vilarasau, Abel Folk y Toni Sevilla. La obra comienza con algo que todos los que trabajamos en los medios conocemos bien: la larga espera para una entrevista en la antepuerta del despacho de un político. Repaso de notas, revisión de las preguntas, corrección del orden, añadidos de último momento, vistazos al reloj y al móvil, alguna broma insustancial y comentarios con doble (o hasta triple y cuádruple sentido) con los asesores de prensa... Nada extraño hasta que las bromas de Cáceres, el responsable de gabinete (interpretado magistralmente por Abel Folk, la voz de Pierce Brosnan en España, para más señas), superan el tono de la cortesía y una llamada personal a la entrevistadora Sílvia Utgés (Emma Vilarasau), que tiene unas fotos más que comprometedoras del presidente Víctor Bosch (Toni Sevilla) en la cama con una menor, sugieren al político y al asesor que pueden darle la vuelta a la tortilla y hacerle ver que la vida personal y la profesional no deberían tener nada que ver ni afectar una a la otra. Sobre el papel, la decisión parece muy fácil, pero no es tan sencillo cuando tienes menos de media hora para decidir y más información de la que esperabas. Incluida la verdad y una confesión en privado que jamás hará en público. Sufrí durante los 80 minutos que dura la obra, deseando fervientemente que Sílvia tomara la decisión correcta, que no sucumbiera al juego trampa de 'haz lo mejor para todos, no lo mejor para ti' y 'es un buen político, no estropees lo que es bueno para la mayoría'. Mientras aplaudía no podía dejar de pensar en una de las primeras cosas (juraría que fue la primera, pero no estoy muy segura) que me dijeron en la universidad cuando comencé la carrera: "La objetividad no existe, lo que sí existe es la honestidad".

jueves, 16 de junio de 2011

Adiós al rey de Japandia

Hace apenas unas horas que he descubierto que ya no está. No le conocía. O quizás sí. No lo sé. Sólo sé que ya no está. Hace días, semanas, que me lo temía. Pero no quería creer que se hubiera ido. Prefería pensar que su silencio se debía a un paso más en su lucha contra la leucemia. Cada día sin sus palabras añadía más inquietud a las mías. Pensaba que no podía ser, que era demasiada casualidad que el título de su última entrada en su Japandia fuera 'Nunca me abandones'. Señal. Casualidad. Despedida. No lo sé. La certeza me ha llegado sin querer, como una visita que se equivoca de puerta. Y aunque no le conocía, ni sabía la cara que tenía (en mi cabeza siempre fue un oso), ni la edad, ni a qué se dedicaba, no puedo dejar de pensar que el rey de Japandia, el hombre que luchaba contra la leucemia, que adoraba Japón, que disfrutaba del cine, que paseaba entre las vías del tren y la playa, que escribía notas desesperadas en libretas de cuadros, que sintió la muerte de Nile Rodgers y que fotografiaba nubes desde el hospital, ya no está.

lunes, 13 de junio de 2011

El ruido de las cosas al caer


‘El ruido de las cosas al caer’ (Premio Alfaguara de novela 2011) no habla del ruido que hacen una taza, un bolígrafo o unas tijeras al caerse de una mesa o resbalarse de las manos. No. Las cosas que hacen ruido en la maravillosa novela de Juan Gabriel Vásquez (gracias Gema) son los enseres de los pasajeros de un vuelo a Bogotá al estrellarse contra las montañas colombianas. Y el ruido no es otro que el de las palabras que nunca enlazaron, las historias que no contaron y las vivencias que se intuyen en las cartas y documentos que no cayeron con ellos. Antonio Yammara no conoce a ninguno de esos pasajeros, pero el accidente cambiará su vida a través de la relación de amistad incipiente con Ricardo Laverde, un antiguo piloto ex presidiario silencioso y algo desconfiado con quien juega al billar cuando acaba sus clases en la universidad. Él sí espera con ansia la llegada de ese vuelo, en el que viaja su esposa, Elena, norteamericana a la que conoció mientras ella era voluntaria de los Cuerpos de Paz. Antonio descubrirá en Las Acacias, la casa que Ricardo construyó para Elena en una cálida región del interior de Colombia, qué hay que hacer para que las abejas no piquen, que las hamacas provocan tortícolis, la historia de amor entre Elena y Ricardo y los detalles de la encarcelación de este último, algo que él jamás quiso contarle.
Título: ‘El ruido de las cosas al caer’
Editorial: Alfaguara
Páginas: 261
Precio: 18€

domingo, 5 de junio de 2011

Después de Carrie Bradshaw

No suelo caer muy a menudo en la tentación de los libros sobre mujeres contemporáneas y sus amoríos. Los herederos de 'Bridget Jones' (los buenos, digo) son como los cupcakes: mejor no abusar. Pero cuando sobre 'Mujeres de Manhattan' vi el nombre de la autora (Candace Bushnell) no pude resistirme a conocer a las nuevas protagonistas de la mujer que creó a Carrie Bradshaw, Samantha Jones, Charlotte York y Miranda Hobbes. Me resistí poco a llevármelo, pero la verdad es que ha pasado cuatro años en una de las estanterías de libros pendientes sin que sintiera su llamada. Ha sido ahora, en plena maratón de 'Sexo en Nueva York' (mis hermanos mellizos me regalaron el cofre entero para mi cumpleaños), cuando le ha llegado el momento. 'Mujeres de Manhattan' tiene como protagonistas a tres cuarentañeras (me quedan ocho años para cumplir 40 y empiezo a reivindicar este término en lugar del de cuarentonas) en la cima del éxito profesional y en la sima del fracaso sentimental: Victory Fors, una diseñadora de éxito cuya última colección es destripada por los críticos de moda a pesar de que ella considera que es la mejor de su carrera y sin ninguna relación a la vista; Nico O'Neilly, directora de la revista Bonfire en plena lucha por la dirección del grupo editorial que publica la revista y que se debate entre su relación con un modelo de ropa interior y su adorable marido; y Wendy Healy, productora ejecutiva de Parador Pictures, compañía a la que dedica casi todas las horas del día a costa de su familia, de la que cuida su marido, que ejerce de ama de casa. Evidentemente, en las 500 página de 'Mujeres de Manhattan' Victory, Wendy y Nico sufren, lloran, se ríen, toman champán, vuelan en jets privados, van a los mejores restaurantes, dudan, lucen los mejores modelos, tienen éxito y, sí, por supuesto, se enamoran. La novela de Candace Bushnell es todo aquello que debe ser un ejemplar de chick lit aunque aporta algo extra: al cerrar sus páginas no te deja esa sonrisa y la seguridad de que todo va a salir bien que suelen dejarte los demás, sino una sensación amarga, un tanto agridulce, en la boca del estómago.
Título: 'Mujeres de Manhattan'/'Dones de Manhattan'
Autora: Candace Bushnell
Editorial: Planeta/Columna
Páginas: 501
Precio: 8,95€

miércoles, 1 de junio de 2011

PremiOz


He dicho en varias ocasiones que tengo que ponerme al día con los premios. Y con lo de ponerme al día no me refería a agradecerlos, publicar una entrada en el blog y pasar ese mismo galardón a otros blogs. No. De verdad que los agradezco, mucho, pero en un momento determinado empezaron a parecerme como esas cadenas de mails que debes enviar a no sé cuántas personas si no quieres que una horrorosa maldición caiga sobre ti. Así que hoy, no por saldar deudas sino porque me apetece, porque quiero, porque me he levantado regalona, porque llevo tiempo dándole vueltas y, sencillamente, porque me da la gana, llega la primera edición de los PremiOz. 

Imaginaos que la gala la presentan (suspiro) Colin Firth y Clive Owen (Scarlett Johansson y Jessica Alba para quienes pierdan la cabeza por las mujeres) y cumplid las condiciones de los PremiOz: No tenéis que agradecerlos con una entrada en vuestros blogs, no debéis pasárselos a ningún otro bloguero, no podéis mojarlos, no les puede dar la luz y está prohibido darles de comer después de la medianoche.

And the winners are:
­-Carmen, de Carmen y amig@s: porque fue la primera que se fijó en este blog y lo condujo de la mano a un mundo aún por decubrir, porque quiere a Jane Austen tanto o más que yo, porque sus palabras siempre son amables y cariñosas, porque constantemente me descubre libros y autores desconocidos o olvidados en los rincones más profundos de la memoria.
-Mari Cari, de Un jardín para Mari Cari: porque me hace reír con sus compañeros de gimnasio y sus japoneses visitando su querídisimo valle del Jerte, porque me enseña peces que viven en bombillas, por sus relatos de la cadena, porque sus palabras suenan a calma.
-Maria, de Maria Oliver y Ande yo monísima: porque me hizo saber que al menos hay otra persona en el mundo que destripa las letras de las canciones para descojonarse del amor, porque me tiene enganchada a un crucero en el que se celebra una boda, porque me pone los dientes largos con maravillosos vestidos setenteros y altísimas y glamurosísimas sandalias.
-Elysa, de Diseños by Elyely: porque siempre me sorprende, porque me ha descubierto que las cartas del Tarot tienen vida propia, que las viudas recientes responden encuestas y las amas sadomaso no, lo que pasó realmente en el Arca de Noé, que las niñas también rompen cristales a balozanos y que el infierno puede estar en un autobús.
-David, de Volando a rastras: porque se descubre en su blog en la misma medida en que se esconde en su foto, porque regala libros en Sant Jordi, porque me recuerda los días señalados, porque comparte sus recuerdos, porque me muestra su playa y los patos de su río, porque me lleva al cine algunos viernes, porque me besa en lugares y de maneras desconocidas.
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