lunes, 30 de mayo de 2011

Los enamoramientos


Es fácil enamorarse de quien no nos quiere. Es fácil creer que nos hemos enamorado cuando en realidad no estamos seguros. Es igualmente fácil hacernos la ilusión de que alguien se ha enamorado de nosotros sólo porque se ha compartido la intimidad del sexo, aunque esa intimidad desaparezca en el umbral del dormitorio. También es fácil hacer que el destino se ponga a nuestro favor siempre que no tengamos muchos escrúpulos. Y es fácil olvidar o al menos convencernos de que lo hemos olvidado, lo que es casi lo mismo, todo aquello que hasta hace poco habíamos creído imborrable. Esa es, en resumen, la historia que Javier Marías (mi gran Javier Marías) cuenta en ‘Los enamoramientos’, una novela que algunos califican como novela de amor y otros, como thriller. Da lo mismo. No es una historia de amor, al menos no lo es la principal, la que creeríamos en un primer momento que debería serlo. Tampoco es un thriller. En ningún momento he tenido miedo por María Dolz, la protagonista y la primera mujer a la que pone voz el Rey de Redonda, que en sus cuatro décadas como escritor solo se había metido en la mente de personajes masculinos. María Dolz desayuna cada día en la misma cafetería, junto a un matrimonio feliz. Sólo descubre sus nombres el día que la sorprende, en el diario, la imagen de él, Miguel Desvern, apuñalado y medio descamisado y a punto de convertirse en un muerto”. Esa certeza, la de la muerte de uno de sus involuntarios compañeros de desayuno, es para María la puerta de entrada a un instante de la vida de Luisa, su viuda, y a la cama de Javier Díaz-Varela, el atractivo (labios carnosos y lector de Balzac) amigo del fallecido.
"La última vez que vi a Miguel Desvern o Deverne fue también la última que lo vio su mujer, 
Luisa, lo cual no dejó de ser extraño y quizá injusto, ya que ella era eso, su mujer, y yo era en cambio una desconocida y jamás había cruzado con él una palabra. Ni siquiera sabía su nombre..."
Título: 'Los enamoramientos'
Autor: Javier Marías
Editorial: Algafuara
Páginas: 401
Precio: 19,50€

miércoles, 25 de mayo de 2011

Feliz no cumpleaños

Este año no quería tarta ni canciones ni disfraces ni fiesta. No quería pasar horas en la cocina (empanadas, tartar y ceviche, sushi, ensaladas, saladitos, chupitos de gazpacho, tiramisú...) ni gastar neuronas calculando provisiones de vino y cerveza. Tampoco me apetecían felicitaciones y besos fingidos. Solo quería estar a gusto. Con gente que de verdad me importa. Con gente a la que creo que le importo. Vestirme, maquillarme y subirme a los tacones sin pensar en ningún hombre, ni siquiera en los que pudieran estar por casualidad. Cuatro mujeres (he echado de menos a tres que están allende los mares), varios margaritas, algún chupito de tequila, fajitas, burritos, chimigangas, muchas rancheras, risas y carcajadas. No he necesitado nada más para ser feliz en este feliz feliz no cumpleaños, como diría mi queridísimo Sombrereo Loco.

miércoles, 18 de mayo de 2011

El César Millán de los años 40

Debo reconocer que cuando vi 'Cuando el hombre encontró al perro' en una librería no me preocupé ni de leerme el texto de la contraportada. El título y la imagen de un perro escuchando la trompeta de un antiguo tocadiscos en la portada me parecieron suficientes. Ni siquiera conocía al autor, Konrad Lorenz, del que suponía un libro de relatos. Quizás si hubiera sabido que era zoólogo, uno de los padres de la etología y Premio Nobel de Fisiología habría intuido que, en realidad, podría tratarse de algo más. Y es que este librito de apenas 173 páginas es una mezcla entre un ensayo sobre la relación entre el hombre y el perro a lo largo de la historia y una serie de relatos basados en la relación del médico con sus animales. No he podido más que reír, llorar y enternecerme con algunas de estas anécdotas personales como supongo que haría cualquiera que tenga perro al reconocer, en otros animales, al suyo propio: la inexplicable animadversión hacia una persona concreta, las vueltas persiguiendo su cola, sentarse en el suelo y negarse a caminar más, esconderse detrás de tus piernas cuando escucha un cortacésped, mirarte con ojillos desconcertados cuando no haces lo que espera, enfadarse porque no puede cazar una lagartija, correr como un loco hacia el agua... Más allá de las anécdotas Lorenz ofrece consejos que, curiosamente, no son muy diferentes a los que podemos escuchar en la actualidad en boca de César Millán ('El encantador de perros') y presenta de forma amena una teoría sobre cómo el hombre de las cavernas y el temido chacal se hicieron amigos.

"En resumen: la niña tiene una gran alegría y cuando sus padres vuelven a casa se encuentran, sorprendidos, pero en modo alguno entusiasmados, un cachorrito de chacal atiborrado de comida. Naturalmente, la primera intención del fiero guerrero es coger al cachorro y arrojarlo al agua, pero la hija rompe a llorar y se aferra, sollozando, a las rodillas de su padre, quien por el momento pierde el equilibrio y deja caer al suelo al perrito. Cuando intenta cogerlo de nuevo, éste se encuentra ya a salvo en los bracitos de la niña, que ha ido a esconderse en el rincón más oscuro de la cabaña, temblando toda ella y con el rostro bañado en lágrimas. Y como quiera que ni los padres de la edad de piedra tenían un corazón de granito para con sus hijas, el cachorrito se queda, a la postre, en casa".

Título: 'Cuando el hombre encontró al perro'
Autor: Konrad Lorenz
Editorial: Tusquets
Páginas: 173
Precio: 8,95€
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