domingo, 27 de febrero de 2011

La herida del 'Cisne Negro'

Tengo el labio herido. Y Natalie Portman (ya le puede dar un oscar, dos o quinientos, que se los merece todos) tiene la culpa. Estuve mordiéndomelo durante las dos horas que dura 'Cisne negro'. "Quiero salir ya", recuerdo haber dicho en alguno de los momentos más angustiosos. Y es que sin ser una película de miedo, aterra. No tengo conciencia de haberlo pasado tan mal en el cine desde hace tiempo. No así de mal. Temiendo un pensamiento, temiendo que algo que no es real acabe pareciéndolo, el mayor temor de los que nos creemos cuerdos. Todo en 'Cisne negro' es inquietante. El teatro, el metro y sus estaciones, los camerinos, los baños, la casa. El único lugar en el que puedes respirar tranquila es el escenario. El único lugar seguro es estar bajo los focos y frente al público. Es imposible no sufrir con Nina Sayers (Portman) mientras intenta liberarse de la técnica para conseguir bailar el seductor cisne negro. Una madre ultraprotectora y toda una vida depurando pasos ya perfectos son ideales para interpretar a la princesa Odette (el cisne blanco) le impiden dejar salir la sensualidad y la locura necesarias para interpretar un papel (Odile, el cisne negro) que acabará devorándola.

martes, 22 de febrero de 2011

¿Quién mató a Olivia Uriarte?

No sé si fue por la autora (Carmen Posadas), por el título ('Invitación a un asesinato') o por la sugerente imagen de portada (veo una copa de martini y me pierdo). El caso es que la historia de la muerte de Olivia Uriarte no llegó a tocar ninguna de las estanterías destinadas a los libros pendientes. Apenas cuatro días (y eso que he trabajado todos los días) he tardado en devorar las pesquisas de Ágata Uriarte para encontrar al asesino de su hermana, la riquísima, frívola, guapérrima, calculadora y egoista Olivia. Una investigación al más puro estilo Agatha Christie. De hecho, Ágata se compara con Miss Marple y el libro juguetea en la trama y los nombres de las partes con tres de las obras de la escritora británica: 'Cianuro espumoso', 'Los diez negritos' y 'Némesis'. Igual que con las novelas de Christie es imposible no jugar a tratar de adivinar quién es el asesino aun a sabiendas de que acertar es más una cuestión de azar que de deducción. La historia comienza precisamente cuando Olivia Uriarte decidida a morir, invita a algunos de sus amigos, familiares y enemigos a pasar unas jornadas a bordo del yate de su ya ex marido para, según les engaña, celebrar su divorcio. El motivo real lo desvela, la primera noche, cuando todos están paralizados y borrachos por culpa de un cóctel (cianuro espumoso) de curaçao y champán, adelantando algunos de los motivos por los que sus queridos invitados podrían querer acabar con su vida. Vestida de blanco, con el pelo suelto y bellísima aparece muerta en la plataforma del barco pocas horas después. ¿Quién ha cumplido su deseo?
Título: Invitación a un asesinato
Autora: Carmen Posadas
Editorial: Planeta
Páginas: 368
Precio: 21,50€

viernes, 18 de febrero de 2011

Un ratito con David Safier

Elena Blanco/Seix Barral
Conseguir entrevistas con escritores que han vendido millones de libros no siempre es fácil. A veces, sin embargo, editoriales y autores lo ponen todo en bandeja. Es el caso de Elena y Nuria, de la editorial Seix Barral, y el propio David Safier, autor de 'Maldito karma' y 'Jesús me quiere'. Safier, como sus libros, es divertido, irónico, con la risa siempre a punto y todo el tiempo del mundo para atender a los que, como él hace unos años, nos dedicamos a escribir lo que vemos, oimos, nos cuentan y (a veces) sentimos. Vaya, que la charla con Safier, que podéis leer aquí, fue una delicia.

miércoles, 16 de febrero de 2011

La princesa que mata tigres y huele a jazmín

Jaya es una princesa hindú. Sabe matar a un tigre en mitad de la selva. Sabe encontrar una perla en el cerebro de un jabalí. Sabe vivir a la sombra de su hermano Tikka, deseando, en el fondo, haber nacido niño, poder demostrar su valentía y tomar decisiones. Jaya debe casarse y no puede soñar con hacerlo con el mejor amigo de su hermano, el británico James Osborne. Jaya es mucho más que una princesa hindú que aprende los secretos de alcoba en el zenana con las concubinas de su padre. Más que una mujer despreciada por su marido, un pusilánime príncipe que se enamora de cuanta alegre aspirante a actriz blanca pestañea a su alrededor. Más que la madre del heredero al trono de Sirpur, concebido años después de la boda en una noche sin olor a jazmín y en brazos de su marido boracho. Más que la exótica princesa que se atreve a jugar al críquet dejando volar su melena al viento. Más que la mujer que se niega vestir de occidental y ponerse guantes para dar la mano al rey de Inglaterra. Jaya, la mujer que no grita, lo dice todo con sus actos y actúa con sus silencios en esta fascinante novela (gracias J.M.L.R por descubrírmela y prestármela) de la escritora india Gita Mehta, que vuelca en ella las vivencias de su familia, que luchó por la independencia de India.
Título: Raj
Autor: Gita Mehta
Editorial: Anagrama
Páginas: 472
Precio: 8,41€

lunes, 7 de febrero de 2011

Lecciones de un antifaz

Estaba allí. Escondido detrás de la caja negra de costura. Mirándome con sus ojos huecos rodeados de purpurina. Un antifaz. El antifaz. Entró por la puerta hace algo más de un año, ocultando quién era, mostrando lo que fingía ser. De una máscara hubiera desconfiado, pero de un antifaz... Lección número 1: Nada  engaña más que lo que se muestra a medias. Reí. Me carcajeé con ganas al ver aquella carnavalesca entrada en mi vida. Divertida entonces. Esperpéntica ahora. Purpurina y plata. Deslumbrantes. Cegadoras. Deslumbrada. Ciega. Lección número 2: Los cascabeles de un bufón ríen demasiado. La media cara sin mirada desapareció sin hacer ruido. Coja sin su cinta negra saltó de risa en risa, de broma en broma, de mentira en mentira... Se escondió en su rincón. Creció alimentándose de sentimientos y confesiones. Ofrecidos casi en sacrificio. Lección número 3: Nunca des de comer a un antifaz. Vomitó en silencio. Descontrolado. Bulímico. Confeti negro. Serpentinas grises. Matasuegras afónicos. Purpurina de ceniza. Y ahí estaba hasta este fin de semana. Enterrado en los restos de su propio Carnaval. Ahora reposa dignamente. Entre cartones de leche agria y chorreantes bandejas de corcho blanco. Una sepultura con vistas a garrafas de aceite y envases de lejía. Descanse en paz.
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