domingo, 18 de julio de 2010

Las sombras de Lolita Palma

'El asedio' no es una novela. Es una fotografía. Muchas historias. Multitud de imágenes. Algunas vidas. 'El asedio' tiene una trama, sí, un misterio. Una búsqueda de un asesino en serie que es en realidad una excusa para todo lo demás. 'El asedio' empieza. Y termina aunque al cerrar el volumen uno ve cómo los personajes del Cádiz de 1811 se escapan de la última página, continuando sus vivencias, que ocuparían centenares de pliegos más allá del punto final. Han pasado ya algunas semanas desde que dejé en la estantería un reguero de vidas a las que sigo dando vueltas. Lolita Palma, que blinda su corazón con convenciones sociales. El capitán Lobo, el hombre que guarda todo el mar que ha visto dentro de sus ojos. Rogelio Tizón, el comisario déspota y corrupto capaz de desollarse para encontrar un asesino. Ricardo Maraña, que espera paciente en barcos y puertos la muerte que escupe en su pañuelo blanco. Hipólito Barull, que analiza las vidas de Cádiz igual que las jugadas de ajedrez. Gregorio Fumagal, el taxidermista con un fondo tan oscuro como el tinte que usa para el pelo. Lorenzo Virués, el hombre impresionante que deja de serlo cuando Lobo anda cerca. Ha pasado el tiempo y sigo preguntándome que fue de sus vidas después de la última escena pintada por Reverte. Sé que no hay más. Que sus miedos, sus pasiones, su dolor, sus vestidos, sus dudas y su tiempo se acabaron en el último punto.
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