domingo, 23 de mayo de 2010

Miedo de papel

He cerrado decenas de veces las páginas. He apagado la luz. La he encendido de nuevo y he vuelto a abrir el libro. Buscando la última palabra leida. He cerrado decenas de veces las páginas porque me daba miedo. Puedo leer a Poe o Lovecraft sola en casa en una noche de tormenta. Y no podía terminar de leer 'Fin', de David Monteagudo. Lo perdí en un avión cuando iba por la página 135 (lo siento, señor Aníbal) y ahora, un ejemplar nuevo después, creo que fue mi subconsciente el que boicoteó a mi memoria para que lo olvidara sobre la butaca mientras cogía el equipaje de mano. En 'Fin' no hay monstruos, ni asesinatos, ni sangre. Pero da miedo. Un miedo que parece absurdo porque no tiene rostro ni cuerpo ni procedencia. Un miedo terrible que se vuelve más terrible con cada vuelta que tu mente da a la historia de estos amigos que se reencuentran después de décadas en un refugio perdido en el monte donde desaparecen. Uno a uno.

viernes, 7 de mayo de 2010

Alicia, sin maravillas

 
¿En qué se parece un cuervo a un escritorio? En lo mismo en que se parece 'Alicia en el país de las maravillas' a una película de Tim Burton. Pasé dos semanas resistiéndome. Los grandes carteles con grandes cabezas y ese gran 'Disney' en todos ellos me daba miedo. Mucho miedo. Más que las reinas que cortan cabezas, que los bosques con flores que regañan e incluso que los gatos que desaparecen o las orugas que convierten cualquier conversación en un ejercicio de psicoanális. Pero caí. Piqué. Y entré al cine a ver la 'Alicia en el país de las maravillas' de Tim Burton. Lo del 'de' como posesivo es un decir, ya que el señor Burton sólo dirige. Y ahí está el problema. A los dos minutos ya es más que patente que la labor del padre de Eduardo Manostijeras se limita a poner el nombre, colocar al dueto Bonham Carter-Depp y pasar por caja. Podría obviar un guión que no lleva a ningún sitio y que se pierde por el camino si la estética fuera buena. Pero tampoco. Visualmente, lo único que se salva es el magnífico vestuario de Alicia. El conejo blanco es falso, el gato de Chesire parece Garfield pasado por la tintorería de la aldea pitufa, la oruga es simplemente una oruga. Desde los primeros minutos estuve esperando el final, la batalla con el Galimatazo, el monstruo. Esperaba una bestia fantástica con la que Burton hubiera echado el resto. Pero tampoco. En lugar de eso me encontré con una lagartija con más mala leche de la habitual. Vaya, que salí del cine en un estado de shock del que me ha costado varios días recuperarme. Y es que Alicia estaba hecha para Burton. Estaba.

martes, 4 de mayo de 2010

En tus cíceros

He contado tus pestañas en los largos momentos en los que no me miras. He medido mil veces tu espalda. En centímetros. En palmos. En pulgadas. En puntos. En cíceros. Sé cómo suena tu voz porque no me hablas. Adivino cuándo vas a reír porque se te arrugan las antípodas del lagrimal y cuándo necesitas subirte las gafas porque mueves la nariz. Sé cómo hueles y a qué sabes aunque nunca te he tenido cerca. Sé perfectamente cómo acaricias por cómo empuñas el bolígrafo y la libreta, por cómo gesticulas cuando hablas por cómo abres armarios y cierras puertas, por cómo te rascas el codo cuando no sabes qué hacer, por cómo desenroscas un tapón, por cómo descorchas una botella. Conozco al milímetro la mecha de tu barba, esa que no ves porque te queda por debajo de la mandíbula. Me pierdo en las diminutas arrugas que enmarcan tus ojos cada vez que busco tu mirada. Desaparezco sin que te des cuenta en el agujero negro de tu pupila.
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