martes, 27 de abril de 2010

La voz de los momentos



Hay momentos que se delatan. De tan transparentes. De tan claros. Surgen y no tienen dónde esconderse. No tienes dónde esconderlos. Sabes que estarán ahí siempre, de tan acurrucados que se han quedado en un meandro de tu masa gris. Este momento suena a 'Las cosas del querer' un poco desafinadas con las manos pringadas de feta, a la gran noche de Raphael aullada a tres voces, al 'Se acabó' de María Jiménez pegada a la pantalla de un Acer, al 'Vete' de Marlango destrozando lagrimales, al 'Hope there's someone' de Anthony & the Johnsons encerrando corazones en cajitas de cerillas, al 'Breathe me' de Shia desmontando vidas. Y sobre todo este momento suena a la 'Meravigliosa creatura' de Gianna Nannini paralizando los besos al rioja.
Molti mari e fiumi
attraversero
dentro la tua terra
mi ritroverai
turbini e tempeste
io cavalchero
volero tra il fulmini
per averti...
Ese "...per averti..." del que jamás te recuperas.

A lágrima viva con los feos

 Se suponía que debía reír y acabé llorando. 'Que se mueran los feos' no es una comedia, al menos no la comedia que vende el tráiler y por la que mi madre me empujó al cine. A pesar del minuto que había visto cien veces repetido cada cinco minutos en la televisión no puse muchas pegas. Javier Cámara y Carmen Machi siempre son Javier Cámara y Carmen Machi. Y así me encontré llorando cuando se suponía que debía reír. 'Que se mueran los feos' no es la astracanada sinsentido que enlaza chascarrillo tras chascarrillo que intenta vender el tráiler. No. Hubo momentos en los que reí. Es más, hubo momentos en los que la risa, de imparable, casi se me convirtió en hipo. Pero son muchos más los momentos en los que sentí, como persona del club de los feos, cómo me deshacía por dentro. Detrás de la guasa hay dolor. El dolor de Eliseo (Javier Cámara) destrozado porque nadie ve más allá de su desagradable aspecto. El dolor de Nati (Carmen Machi) que vive de prestado una vida que estuvo a punto de perder. El dolor del tío Auxilio (Juan Diego) que debió morir hace meses. El dolor de Bego (María Pujalte) que dejó su carrera de escritora por cuidar de los niños. El dolor de Mónica (Ingrid Rubio) que quiere ser madre y no lo consigue. Ni los alegres colores del vestuario consiguieron esconderme todo eso. Así que mientras escuchaba al fondo de la sala unas carcajadas estridentes, a mí se me escapaban las lágrimas.

domingo, 11 de abril de 2010

El museo de las cosas queridas

Todavía no sé si mis retinas ansiosas de Estambul me han llevado a las páginas de Pamuk o si han sido las páginas de Pamuk las que han guiado mis próximas vacaciones a la ciudad turca. Tampoco sé, apenas unos minutos después de haber leido sus últimas páginas, si la historia de amor de los años 70 a la que se refieren las solapas de 'El museo de la inocencia' es la de Füsun (una turca demasiado moderna para la sociedad otomana) y Kemal (niño bien atenazado por las convenciones de su acomodada familia) o la del propio Pamuk (Nobel a pesar de novelista, novelista a pesar del Nobel) por la ciudad del Bósforo, su ciudad. Sólo sé que al pasar las páginas en las que conviven mujeres con el velo tradicional, jóvenes en bikini, borracheras de raki y empachos de refrescos, cada vez me parecía más maravillosa la idea de un museo personal. Una casa llena de los objetos que han significado algo en tu vida. El triciclo que nunca hubieras querido regalar a tus primos pequeños, un pendiente que se quedó sin su pareja en un momento de pasión, el libro que manchaste de café al descubrir algo en una mirada, el cinturón de un amante que no volvió, los altísimos zapatos que acabaste quitándote para alargar una noche inolvidable, la flor ya momificada que alguien que no esperabas te regaló, una servilleta de bar pintarrucheada por las amigas...

sábado, 10 de abril de 2010

En el gris de Polanski


Por un momento pensé que mataba a Polanski. Lo juro. Pensé meter las manos en la pantalla del cine, buscar su cuello y estrangularlo con el lienzo en el que en ese momento se proyectaba la noche envolviendo a Ewan McGregor (a quien me abstendré de valorar porque no soy objetiva: me gusta de cualquier manera). No podía ser que el final de 'El escritor' fuera tan simplón y que una tumba sirviera para cerrar la trama. Menos mal que en los últimos diez minutos la cosa se arregla. Bueno, tampoco se le puede pedir más a una trama de Robert Harris, entretenida y en la que los malos al final son los que cualquiera con unos cuantos capítulos de CSI y la señora Fletcher a la espalda puede imaginar desde el primer segundo en el que aparecen en la pantalla. Lo mejor de la última de Polanski, sin duda, el ambiente. Ese gris que se lo come todo y que te hace mirar con ojos suspicaces hasta las hojas recién caídas de los árboles. La playa invernal y desierta. La tormenta. El coche solitario en la bodega de un barco. Lo peor, el doblaje de Pierce Brosnan.
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