sábado, 27 de diciembre de 2008

Soy zurda


Definitivamente me he vuelto zurda. Sigo escribiendo, abriendo las puertas, comiendo y señalando con la mano derecha. Pero en espíritu soy zurda. Y soy más zurda que nunca los sábados por la mañana por culpa de Fernando, el hombre que pasa la mayor parte del día (casualidades de la vida) a mi izquierda, y que desde hace poco más de un mes comparte con todo el que quiera escucharle su pasión por la música a través de su programa ‘Ayúdame a ser zurdo’ (los sábados de 9 a 10,30 de la mañana en Ràdio Èxit: 90.70 de la FM excepto en Sant Josep, que es el 99.10). Porque es una alegría despertarse en plena cursihorrorosinavidad con los Sex Pistols, porque es como el libro gordo de Petete de la música, porque algunos temas te pintan una sonrisa en la cara que dura unas horas, porque otras no puedes dejar de cantarlas en todo el día y sobre todo porque hay veces que las canciones (sus canciones) te recuerdan alguien que ya no eres y te duelen como pensabas que ya no podían hacerlo. Por todo eso merece la pena ser zurda, aunque te obligue a madrugar un poquito los sábados.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Mi último velcro sonoro

http://www.youtube.com/watch?v=qCvrQFRyz6M

La verdad es que todavía no he decidido si me gusta o no . Supongo que al final será que sí. Ya he dicho aquí que a veces compro libros y música por razones que ni yo misma entiendo. Éste es uno de ellos. ¿Cómo podía no comprar el CD de alguien que tiene como nombre artístico el color de un pintalabios? Cualquiera que me conozca sabrá que me era imposible resistirme. Así que la vocecita de Lourdes se ha metido en mi casa desde hace un par de semanas. El único problema es que una de las canciones ‘Cigarettes’ es un velcro sonoro (expresión robada de David Ventura que se refirió así a ‘Tenía tanto que darte’ de Nena Daconte) que se pega al cerebro y que no te deja parar de cantarla.

“tell me what it is, it isn’t fair
but I’m wasting time, cos it isn’t my heart, it isn’t my fault
and every situation understands, well
the anecdote of chasing the locations to your doors
’cos I’m wasting time, I’m wasting money again
and all the cigarettes that I have never smoked
and all the letters that I have never sent…”

lunes, 1 de diciembre de 2008

Mis pequeños placeres (confesables) de este invierno



-El olor del primer café del día.
-Mojarme bajo la lluvia
-Meterme en la cama con las sábanas recién salidas de la secadora
-Ponerme el abriguito rojo
-Encontrar imágenes bellamente siniestras-siniestramente bellas- en la poesía de Gonzalo Escarpa
-Descubrir en los altillos del armario cosas que mi síndrome de Diógenes emocional hizo que guardara en un momento en que las hubiera tirado con el pronto de “quiero olvidarme de esta parte de mi vida”
-Redescubrir el auténtico color de mi pelo
-La chimenea encendida en casa de algunos amigos
-El sol de invierno mientras conduzco
-Una caricia inesperada en la mejilla
-Los tres primeros segundos de oír al teléfono la gravísima voz de mi responsable de prensa favorito (pasados los tres segundos recuerdo que es trabajo)
-El tacto de seda de la piel después de masajearla con Bliss-Bliss
-Un poco de vino en una copa enorme
-Un rouge Allure de Chanel resbalando por los labios

viernes, 21 de noviembre de 2008

Lo que le falta a mi patio



Hay lugares que te marcan. El instituto es, sin duda, uno de ellos, aunque mientras estás allí preocupado por parecer un adolescentes rebelde, popular, con amigos, alternativo y diferente al resto no te das cuenta. Hoy el trabajo me ha llevado de nuevo a mi antiguo ‘insti’. He cruzado la puerta de barrotes amarillos, he caminado por los jardines hasta el hall y he mirado dentro, como con miedo, a ver si todo seguía igual. ¡Qué manía tenemos con que las cosas no cambien! He atravesado por la gigantesca cafetería para llegar al gimnasio aunque no era necesario. No ha cambiado mucho, la verdad. De repente, sentada en el mismo banco en el que pasé los recreos durante cuatro años me he dado cuenta de que me faltaba algo. Alguien. María. Todavía recuerdo las primeras palabras que nos dirigimos y hasta cómo iba vestida el primer día de instituto. Ahora está lejos. Y la echo de menos.

jueves, 30 de octubre de 2008

La ciudad de las telarañas





(De arriba a abajo: Vista desde la torre del reloj astronómico de Praga; un rincón del cementerio judío en el que se amontonan las lápidas; un puesto de marionetas y una pared de la sinagoga Pinkas, en la que están escritos los nombres de todos los judíos que fueron ejecutados por los nazis en la ciudad)

Vacaciones en casa. Días de lluvia y té bien fuerte en los
que me he dedicado a ordenar los recuerdos del último viaje. Praga. Escarbar en los bolsillos de la maleta buscando la entrada a la ópera, el callejero, los pases agujereados del castillo, la kipá que los hombres debían lucir en las sinagogas del barrio judío, la propaganda del teatro negro… Me he resistido a perder nada que en un futuro me pueda hacer olvidar el más mínimo detalle. Sé que es una tarea imposible y que nada más subirme al avión de regreso seguro que muchísimas cosas se quedaron en el aire de la ciudad de Kafka y no podrán alimentar mi memorístico síndrome de Diógenes. Ver de nuevo las fotos, colocarlas en orden junto a todo aquello que acabó convirtiendo mi bolso en el desfondado de Mary Poppins, ha sido como volver a ese lugar lleno de telarañas en el que me quedé con ganas de poder pasear por el timburtiano cementerio judío en una noche de luna llena.

martes, 14 de octubre de 2008

Todos los libros se acaban


En los últimos días he vivido pegada a un libro. En realidad siempre llevo uno encima, sólo que algunos se hacen notar más que otros. Durante dos semanas no me he separado más de veinte metros de ‘Aquella mitad de mi tiempo’, de Javier Marías. Tras tres noches leyendo compulsivamente podría haber acabado el libro en una madrugada más. Pero no. Las últimas setenta pàginas las he ido despreciando (ahora no, quizás más tarde, mejor luego, con calma y una copa de vino…) en un intento inútil de alargar la lectura hasta el infinito. Todos los libros se acaban. En algunos casos llegar a las últimas palabras es un descanso. En otros una agonía anunciada. Hace ya varios días que otro ocupa su lugar en el bolso, en la mesita de noche, frente a un café, junto al ordenador. Todavía no lo he vuelto a colocar en el hueco de la biblioteca del que salió, como si tenerlo a a vista fuera una manera de seguir leyendo donde no hay más letras.

viernes, 10 de octubre de 2008

Mi norte



Pocas veces como esta tarde me había costado tanto volver al trabajo. Sentarme delante del ordenador a escribir se me ha hecho muy cuesta arriba. Y no por vagancia o porque me apeteciera más quedarme en casa leyendo. En realidad, si esta tarde hubiera podido elegir, me habría quedado sentada en la arena de la playa de la Cala de Sant Vicent escuchando y mirando el inagotable espectáculo del mar embravecido. Después de toda la mañana de excursión laboral (soy feliz los días en que este trabajo me permite perderme) por el norte de la isla (Vila-Port de Sant Miquel-Portinatx-Port de Sant Miquel-Sa Cala-Vila) no he podido resistirme a la playa prácticamente vacía. Diez minutos de silencio a pesar del estruendo del viento y las olas. Me ha costado coger el bolso, la cámara y levantarme. Ahora suenan los teléfonos, me molesta la luz del foco que tengo sobre mi cabeza y ni un soplo de aire ventila mis ideas…

miércoles, 1 de octubre de 2008

Para suicidas emocionales

http://es.youtube.com/watch?v=sVeFA-RzgZQ
('Vete' interpretada por Marlango para la película 'Malas temporadas')

Marlango ha vuelto a suspender el concierto en Eivissa, así que tendré que conformarme con seguir escuchándolos en CD mientras cierro los ojos y busco en mi cerebro las imágenes que recuerdo de cuando les vi, hace unos años, en el Palau de la Música de Barcelona. Estoy tristona (no por esto, of course) y he escuchado la versión que el grupo ha hecho de ‘Vete’, de los Amaya, tantas veces que creo que a pesar de no tener ni idea de música si alguien me abriera la cabeza encontraría la partitura grabada en mi cráneo. En fin, una canción muy recomendable para los suicidas emocionales que escuchan música triste cuando están tristes porque creen que les ayuda.

jueves, 25 de septiembre de 2008

Desayuno con Jordi Labanda



Leer los diarios del domingo con mucha calma y un café con leche gigante hiperazucarado (soy una mujer de extremos: el café solo sin nada de azúcar y el café con leche con mucha, lo amargo, amargo; y lo dulce, dulce) es ya de por sí un placer. Si no hace frío, sopla un poquito de viento y no tengo que ir a trabajar ese momento puede ser uno de los mejores de la semana. Pero abrir el Magazine y descubrir una frase mía junto a la ilustración de Jordi Labanda (vale, no ganó, pero al menos la seleccionaron) fue un orgasmo dominical en toda regla.

jueves, 18 de septiembre de 2008

Una noche en el planeta imaginario

http://www.youtube.com/watch?v=BIITiM-drII

Quizás fueron las cañas. Quizás una luna que un día antes había sido llena. No lo sé. Sólo sé que el martes por la noche volví a soñar como cuando era pequeña. Me metí en la cama pensando en todas las imágenes que que devoré delante de la tele junto a mi osito tuerto. Unas cañas en la penumbra de una plaza con unos amigos habían encendido la moviola de la memoria, que no conseguí parar (tampoco quería, en realidad) durante el camino a casa. En poco más de una hora recordamos a la exasperante hormiga Ferdy; David el gnomo y su sucesor, el juez Klaus; el peludo perro de los Fraggle; el irreverente Casimiro que nos mandaba a dormir bailando sobre sus All Star rojas; Pippi, la niña a la que todos envidiábamos por vivir en un maravilloso caos ¡Y sin padres!; el zepelín del profesor Poopsnagle… Hasta descubrimos cómo un maestro kamikace puede perder todo su prestigio al confesar ante los alumnos que le puso la voz al marisabidillo de Mochilo, el más antipático de los horrorosos Fruitis. La memoria es caprichosa y en plena borrachera de melancolía no conseguimos acordarnos de los pavorosos muñecos capitaneados por Gallofa y Poti-Poti que nos hipnotizaban a pesar de los rígidos movimientos, el desastroso doblaje, sus andrajos y las dantescas caras de los malos: ‘Los Aurones’. Ya a oscuras y en casa el ‘Arabesque’ de Claude Debussy no dejaba de danzar en mi cabeza. Sonaba en la cabecera de ‘El planeta imaginario’ y todavía hoy cuando la escucho mi cuerpo y mi mente dejan por unos segundos de ser los de ahora para revivir las sensaciones de la curiosa niña de cinco años que veía el programa cada lunes. Una música que durante un par de años era la puerta a un mundo mágico en el que la pintura convertía en exuberante una estéril tierra de cartón, las cámaras de televisión flotaban en el universo, un vampiro absorbía la tinta de los libros hasta dejar las páginas en blanco y en el que me enamoré de la Luna de Méliès.

jueves, 11 de septiembre de 2008

I love Martha



A veces compro las cosas por los motivos más estúpidos. Un libro del que no tengo referencia alguna porque me gusta el diseño de la portada. Un detergente para la ropa delicada porque la botella es original. Una diadema (que sé que nunca me pondré) sólo porque es demasiado bonita para no llevármela a casa. En el caso de Martha Wainwright compré el CD sencillamente porque el título me pareció genial: ‘I know you’re married but I’ve got feelings too’. Anticomercialmente larguísimo y con un punto de mala leche al que no me pude resistir. Soy una chica fácil cuando algún CD me pone ojitos. Podría haberme encontrado cualquier cosa, pero, por suerte, no tuve que lamentar la compra. Bueno, acepto que hice un poco de trampa: ser hermana de Rufus ya era una semigarantía. La primera vez que la escuché tuve un dejavú. La misma sensación que en mi pérdida de la virginidad musical con Tom Waits. Bueno, aquí me he pasado un poco mucho pero necesité escucharlo entero con los ojos cerrados y una copa de vino para decidir si me encantaba o lo aborrecía. Ahora es mi banda sonora de las últimas tres semanas. Algunas de sus frases no dejan de dar vueltas en mi cabeza. “…my heart was made for bleeding all over you…”, “…I cannot read between your lines…”, “…I live and breath for the rush…”, “…I bury your heart on the knees…”, “…There is this dead woman in my lane, she’s eating my brain…”

domingo, 7 de septiembre de 2008

Historia de una canción cursi

http://www.youtube.com/watch?v=_QbK0nlon4A

Más de uno me ha preguntado qué estaba cantando para que el armario del baño decidiera suicidarse el pasado martes. Pues no era la fatídica ‘Gloomy Sunday’. Era ‘Stay (I missed you)’, de Lisa Loeb. Vaya, una canción cursi, cursi, cursi de los años 90 (a veces me cuesta controlar mi lado Candy Candy). Pero es que le tengo mucho cariño. Me pasó desapercibida cuando, siendo adolescente, vi ‘Reality bites’. Años más tarde, en la primavera de 2002, una amiga se presentó en casa con la banda sonora recién salida del FNAC de Diagonal. “Escucha ‘Stay’, eres tú ahora”, me soltó antes de obligarme a ponerme la pestaña y salir de la burbuja autocompasiva en la que había decidido refugiarme en un complicadísimo y tristísimo momento sentimental (lo siento, tiendo a la tragedia griega). Todavía recuerdo la primera vez que la escuché a conciencia: tirada en el sofá de ‘Cuéntame’ del piso de estudiantes de Barcelona a las cinco de la mañana después de compartir una botella entera de tequila (es el mejor antídoto para el mal de amores) en el pequeño pub de la querida Plaça de la Concòrdia. Creo que la escuché como cinco veces seguidas, los recuerdos son borrosos, hasta que me aprendí la letra de memoria. Han pasado seis años pero sigo cantándola cada vez que me duele un poquito el corazón. La repito como un mantra buscando sentirme otra vez como aquel amanecer de finales de mayo en el que por primera vez después de dos meses los más madrugadores rayos de sol de la mañana me volvieron a parecer el principio de todo.

jueves, 4 de septiembre de 2008

La cosmética mata


La cosmética mata, o al menos lo intenta. No se trata de un rollo metafísico y ecologista que pretenda sustituir la crema hidratante por aceite de oliva, la espuma del pelo por merengue o las colonias por un frotis de hojas de lavanda. Tampoco de imaginarse a nadie con la sonrisa desencajada y la piel blancuzca pintada con polvo de arroz por una geisha yonky. No es que el Joker haya vuelto para acabar con la humanidad a golpe de laca tóxica. Nada de esto. Se trata de un intento de asesinato de los de verdad. Por la espalda y con nocturnidad. Decenas de botes cayendo al suelo mientras el armario se desploma. Tapas de oro. Letras de plata. Botes de colores. Y muchos cristales. Medio segundo de lluvia. Bellísima imagen que se proyecta una y otra vez a cámara lenta en la pantalla de mis párpados cerrados. Las cosas bonitas tienen la desfachatez de ser bonitas siempre. Incluso cayendo al vacío rumbo al desastre.
Recuperada (y viva) después del susto no puedo más que pensar…
¿Querrá el cosmos decirme que estoy abusando del contorno de ojos?
¿Que no pasee a oscuras por el baño?
¿Quizás que no cante a las siete de la mañana animada por el alegre ronroneo de la ducha?

viernes, 29 de agosto de 2008

Sin camino a la Ciudad Esmeralda


Decenas de zapatos rojos se acumulan en mis armarios. El caótico actual y los desastrosos anteriores. Entre un zapato rojo y otro de cualquier color siempre elijo el rojo. Tengo la esperanza de que algún día, al llegar a casa y calzármelos con mimo en la intimidad de mi habitación, aparezca bajo el charol bermellón un camino de baldosas amarillas que me indique hacia dónde ir sin tener que pensar si cada paso que doy es el correcto. Algunos, viejos, descansan en sus ataúdes cubiertos de polvo en el fondo del tetris del ropero después de muchos pasos perdidos. Otros, comprados hace tiempo, jamás han pisado el suelo. Esperan su momento. Demasiado altos. Demasiado brillantes. Demasiado bonitos. Demasiado rojos. No los merezco, pienso cada vez que abro sus cofres de cartón dispuesta a ponérmelos (ésta vez sí). Pero ahí se quedan. Una vez más. Esperando pacientes la gran entrada a mi Ciudad Esmeralda.
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